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30 de Mayo: El futuro no pasa por la Vía Exterior Imprimir E-Mail
Escrito por Plataforma contra la Vía Exterior y en defensa del suelo Agrario   
martes, 27 de mayo de 2008

Plataforma contra la Vía Exterior y en defensa del suelo Agrario.-

Durante el último decenio el conjunto del archipiélago Canario, y en particular la isla de Tenerife ha tenido que soportar la continua depredación de grandes cantidades se suelo potencialmente agrícola y ganadero, para la realización de una serie de macro-infraestructuras irrelevantes, costosas y en muchos casos innecesarias para el conjunto de la sociedad canaria. La balanza de tales actuaciones bascula netamente en detrimento de un sector como el primario, que para el caso de Canarias no puede ostentar otro sinónimos que el de básico, estratégico y fundamental para cualquier país del mundo que aspire a involucrarse bajo los parámetros del desarrollo productivo interior, la modernización y el progreso de aquellos elementos productivos, que al mismo tiempo sean capaces de dotar al sector primario de los “números”, que nos empiecen  alejar del terrible horizonte actual de la dependencia estructural alimentaría que se vive en el archipiélago.

El margen de compromiso fundamental que conlleva la aspiración de la organización de unas nuevas directrices del territorio, pasan ineluctablemente por la defensa del potencial agrícola sin margen para ningún tipo de medidas compensatorias, que no contemple la imperiosa necesidad, manifestada, expresada y demandada continuamente, por amplios sectores de la  sociedad canaria, en la defensa y colaboración con el conjunto de sectores sociales implicados, en la legítima aspiración de vincularnos hacia los contenidos mínimos que nos permitan aspirar a los canarios y canarias, estar bajo los parámetros  legales que marca la directrices de autoabastecimiento internacionales de la FAO. La inversión de un sector que paulatinamente ha visto retroceder alarmantemente su capacidad de desarrollo,  en favor de otras modalidades de desarrollo económico frágiles, inconsistentes y meramente coyunturales, tienen que replantearse en el espacio económico y social en el que tiene que desarrollarse la sociedad canaria en las próximas décadas.

Más si cabe en estos tiempos que corren, donde la denominada “Crisis Alimentaria” subraya de antemano, la carencia del desarrollo de políticas que hayan beneficiado un sector que necesita de la consideración real de la que se le presupone, y donde deberían de sentarse las bases de una vez por todas de una auténtica reconversión económica del monocultivo del “bloque”, hacia la proyección vital del sector primario y otros sectores productivos, no ya sólo por el deterioro medioambiental y el arrinconamiento marginal al que ha sido postrado el poder productivo interno, sino porque la consideración de continuar en la misma línea de ofertar mas espacio al poder económico que hasta ahora se ha mantenido, pierde cualquier sentido ante los cambios estructurales que en el ámbito económico mundial se van a suceder en los próximos años. Posiciones que están dando los primeros síntomas en la reformulación de numerosos países de polarizar y desarrollar los sectores productivos internos, ante la crisis económica que acecha.

Sería muy poco inteligente mantenerse al margen del futurible proceso económico que se vislumbra. La escalada ascendente lineal continua, que se ha dado, y que todas las papeletas  apuntan en la misma dirección del precio del barril del petróleo (algunas fuentes apuntan que a final de año el barril del petróleo alcanzará el 1,50 $)  van a poner en un espacio de tiempo no muy lejano, a las puertas de una recomposición de los hábitos de transporte y la movilidad de la sociedad mundial en general, y de nuestras propias fronteras insulares en particular. Sólo la estrategia de anticiparse a los acontecimientos, y de maximizar  la capacidad de amplificar las miras en este nuevo contexto, pasan por no perder el “tren” al que legítimamente nos enfrentaremos los canarios en el nuevo escenario económico al que se enfrenta la sociedad del siglo XXI.

En este mismo sentido, el proyecto tan sólo de la formulación de la Vía Exterior y el avance y  desarrollo de los planes Generales de Ordenación Urbana de Santa Cruz de Tenerife y de La Laguna hasta ahora expuestos, no puede ser tomado menos que como una broma de mal gusto, o cuando menos como una irresponsabilidad política sin precedentes en el archipiélago, y que deben de volver a ocupar el lugar de la gaveta de las “Cosas que no hay que hacer en una islas con 7.501 Km. cuadrados”, y de donde nunca jamás antes debieron de salir. Las hipotéticas actuaciones sobre terrenos potencial e históricamente agrícola-ganaderos afectadas por la planificación sobre planos de la denominada “Autopista Exterior”, que arrancaría desde la zona conocida como La Pasada  hasta las cercanías de Guamasa, consideramos que es una irresponsabilidad política de tal calibre, que la inmediata retirada de tal proyecto no se puede sujetar sólo a un cuestión de lógica espacial, sino que debe de profundizar  la articulación de los mecanismos necesarios que contribuyan de una vez por todas a catalizar, y a poner sobre la mesa el costo que tenemos que pagar los vecinos de Tenerife, y del conjunto del archipiélago Canario, ante la asfixiante dependencia estructural, probablemente con pocos paralelos en otros lugares del planeta.

La recuperación y el manteniendo de estos suelos para el desarrollo de la producción interior, que tiene tan buenos y mejorables ejemplos en zonas donde los habitantes del Tablero, han conseguido adaptarse a las condiciones climatológicas, con la extensión de una agricultura de verduras a ras de tierra,  las pocas zonas agrarias que han escapado a la depredación urbanística en la Gallega y la zona alta del Sobradillo, destinadas al vital consumo de las papas,  ó el “granel de trigo” que conforman el Cercado Bello y el Rodeo, sólo son paradigmas que tienen su proyección en sintomáticos topónimo como el  Centenero ó Los Baldíos en la zona de Geneto, auténticas simbiosis estas últimas entre la retroalimentación estival de la importante cabaña caprina y ovina que está por fortalecerse en la zonas consustancialmente limítrofes a la Esperanza. Argumentación que fructifica porque además de los 1,2 millones de metros cuadrados potencialmente agrícolas que desaparecerían depredados en una vía que a cualquier persona con sentido común no daría cabida a la dubitación, viola la filosofía sobre la protección del territorio recogida en el Plan Insular de Ordenación (PIOT) y el informe de impacto ambiental no tiene en cuenta el daño irreversible sobre cultivos y paisajes, entre otros argumentos, minusvalorando el dañino perjuicio que sobre estos afectaría  y sumando sustancialmente el porcentaje humillante del 1,03 kilómetros por kilómetros cuadrados de carreteras que cuenta Tenerife, cifras abismales con respecto a otros entornos insulares, y con fundamentos que rozarían la ironía cuando los medios de transporte del futuro, pasan no por caprichos selectivos, sino por razones económicas sustanciales, que confluyen necesariamente en la unificación y desarrollo de sistemas de transporte colectivo, sin mayores paliativos que las fases que marca el agotamiento y el encarecimiento del “oro negro”. Además los auténticos disparates que han salido a la luz pública, con los avances de los Planes Generales de Ordenación Urbana de Santa Cruz y de La Laguna, contradicen cualquier planificación coherente, razonada y lúcida en unos tiempos que ya no soplan en favor del desarrollo del dinero fácil, sino en la apuesta por una auténtica planificación con todos los sectores productivos del país, del desarrollo interior de la isla cara a medio y largo plazo, aunque este nuevo horizonte venga dado por un considerable esfuerzo de los sectores que ya demostraron su tardanza y debilidad en la apuesta por la “segunda reconversión agrícola” allá por los comienzos del siglo XX. No podemos mas que desear de buen agrado, que actuaciones no cabe duda que muy mejorables en este ámbito, se tendrán que dar en un mañana no muy lejano, en la convicción que el desarrollo económico de todos los sectores del archipiélago pasan por pasar página, a la especulación urbanística, y adentrarse en experimentar el desarrollo endógeno de nuestras fuerzas productivas, y en el mantenimiento en algunos casos y la reformulación del sector terciario.

Borrar  la incertidumbre de las expropiaciones, el destrozo de los terrenos agrícolas potencialmente  productivos, asistir atónitos a la caída del potencial que supone cara a los millones de turistas que nos visitan, la desaparición de los terrenos potencialmente agrícolas y paisajísticos que arrancan desde el Tablero hasta el “granero” del Rodeo, consideramos que ya va siendo hora que sean rectificados desde las instituciones públicas competentes. Huertas y fincas, medios directos de vida y “bolsas de oxígenos” de  propia salud y bienestar, teniendo que asumir por imperativo categórico que tendrán que  desaparecer, no pueden ser fundamentos que estén asociados a la calidad de vida a la que aspiramos todos los tinerfeños y canarios en general. Así mismo  dando por descontado además el saldo nuevamente negativo que provoca sobre la fauna y flora del lugar, la lapidación de los valores productivos y ambientales de unas islas, que no pueden permitirse por un segundo más dar nuevos brindis no al sol, sino a los derivados de la concretera, en honra al disparate mayúsculo  de continuar sepultando más territorio en nuestro archipiélago. Ni que decir tiene que la conservación del paisaje agrario de la isla de Tenerife, valor complementario de las condiciones que durante tiempos pretéritos articularon unas señas de identidad colectiva, expresión sintomática de la cohesión espacio-cultural adscrita a la orografía del territorio, y verdadera columna vertebral de la expresión popular que durante milenios nos ha forjado la constitución como pueblo, tienen que tomar carta de naturaleza sinne  quae los canarios y  las futuras generaciones no podemos permitir. Y no precisamente  por un acto de romanticismo, sino por la necesidad imperiosa que se plantea en un futuro que probablemente transformará las condiciones de movilidad interna y externa, y donde las fuerzas productivas endógenas jugarán un papel fundamental en el conjunto de la población isleña, condición ésta que tiene que tomarse con la debida responsabilidad política que debe tenerse en unos momentos donde el pulso que marcan los tiempos, y que tienen la debida  correspondencia en la articulación tácita y coherente de algunos  representantes políticos que, con la lógica responsabilidad que ostentan, y en el conveniente desarrollo del conjunto del archipiélago, han dado pasos públicamente en la defensa sin paliativos de nuestro territorio, frente a ningún proyecto más disparatado que signifique más consumo de suelo.

Esperamos sinceramente que la retirada de los proyectos antes descritos, no sólo supongan un fenómeno coyuntural que hay que borrar de la conciencia colectiva, sino que sirva como suplemento de los mismos, una  auténtica proyección de nuevos planes de desarrollo del sector primario, y de la toma decisiva por parte de las instituciones competentes de la responsabilidad de asumir  un proyecto de futuro para Tenerife y el conjunto del archipiélago Canario, que no puede caer nuevamente en el error de doblegar los fundamentos físicos demográficos, geográficos y productivos que impone nuestra privilegiada condición insular. Por tanto este 30 de Mayo, pasemos página rápida de una vez por todas, y pongámonos a trabajar ya en serio por el futuro de Canarias.

Plataforma contra la Vía Exterior y en defensa del suelo Agrario.

 
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