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¡Yo me quedo bobo! Imprimir E-Mail
miércoles, 14 de mayo de 2008

Cándido Quintana.-

Seguro que Chona se preguntaría lo mismo. ¿Tenemos los canarios lo que nos merecemos? ¿De verdad el fútbol o los carnavales y demás fiestitas  institucionales, nos están volviendo tan tontos o tan ciegos? ¿Persiguen nuestros políticos, a cambio de las migajas que nos dan, precisamente embrutecernos, minar nuestra capacidad de lucha o fomentar nuestro pasotismo, para conseguir toda la cancha del mundo y hacer lo que les viene en gana? ¿Qué podemos o debemos hacer? Evidentemente algo habrá que hacer, nunca quedarnos parados, afortunadamente parece que ya hay por ahí alguna iniciativa en este sentido.

Y es que nuestros parlamentarios, esos mismos que nosotros hemos elegido, se han subido sus sueldos “por la cara y sin moscas”, nada más y nada menos que un porcentaje próximo al 10% y no sólo sus sueldos, sino también sus ya elevadas dietas. La Mesa, a propuesta de la Junta de Portavoces, lo aprobó hace unos pocos días. Y esta decisión la toman ellos mismos, de forma unilateral, a pesar de las gravísimas penurias por las que están atravesando miles y miles de familias isleñas, cada vez un mayor número de ellas. Sin ni siquiera importarle un pimiento, la lamentable situación de los servicios más básicos, como la educación y la sanidad.

   Personalmente, catalogo esta lamentable decisión como una desvergüenza en toda regla, propia de personas claramente insolidarias y totalmente alejadas de la realidad cotidiana, algo que no se les debería permitir a nuestros representantes, que tendrían que velar por lo nuestro y no exclusivamente por lo de ellos. No procede esta vejatoria subida, hay que dar marcha atrás. En las empresas, no son los propios trabajadores los que se suben sus sueldos a capricho, los empresarios tienen mucho que decir. A los parlamentarios les paga el Pueblo y el Pueblo debería pronunciarse ante desatinos como este. En última instancia, la Justicia debería tomar cartas en el asunto, ante esta rechazable y repugnante situación de desequilibrio, no en vano nos encontramos ante una injusticia como la copa de un pino.

   Visto lo visto y considerando que en el Parlamento, los integrantes de cada Grupo votan todos lo mismo asumiendo sus respectivas disciplinas de partido, se impone rebajar, nunca incrementar, el número de diputados. Procede recortar gastos en una Sociedad con tantas carencias y con tantos parados, en la que la economía se desploma por momentos. Con menos de la mitad de parlamentarios podemos conseguir los mismos resultados y propiciar de esta manera, un importante ahorro de dineros que desviar hacia otras necesidades mucho más perentorias, que las hay y muchas. Simplemente se trata de ser congruentes y solidarios, en definitiva el Parlamento debe ser un fiel reflejo de la propia Sociedad.

   © Cándido Quintana

 
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