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EN DEFENSA DE LA ESCUELA PÚBLICA Imprimir E-Mail
miércoles, 14 de mayo de 2008

La tarea de educar… no es un trabajo cualquiera

La tarea de educar a nuestro alumnado, a sus hijas e hijos, es nuestro trabajo. No es un trabajo cualquiera. Es una tarea hermosa, difícil, nos atreveríamos a decir que apasionante. Y que nos implica no sólo como profesionales, sino también como personas y miembros de nuestra sociedad.
Nos formaron, básicamente, para enseñar matemáticas, lengua, inglés…, pero desde nuestro primer día de trabajo en la escuela, nos dimos cuenta que hacer sólo eso era imposible. 

Si todos pensamos en los maestros y maestras que siempre recordamos, a nuestra mente llegan imágenes que tienen mucho que ver con ese maestro o maestra que nos animó, nos ilusionó, nos reprendió…, nos dio un consejo. Porque, efectivamente, nuestra tarea como docentes supone, básicamente, enseñar a ser personas, a pensar, a decidir, a participar, a convivir.
Trabajamos con los conocimientos de niños y niñas, con sus sentimientos, con sus
actitudes, con sus expectativas, con sus aspiraciones, con sus valores… Con todos ellos traspasan el umbral de la escuela y con estos “materiales” tan complejos e importantes tenemos que trabajar en nuestras aulas.
Y, precisamente, esta tarea es la que hace diferente, especial, nuestro trabajo. En otras profesiones, cuando se trabaja con papeles, ladrillos o maderas, si se estropean, se caen, se rayan o se rompen, tienen una solución previsible, y sus consecuencias suelen ser de fácil arreglo. En nuestra tarea no, la forma de motivar, de enseñar,  de corregir, de orientar, de educar varía de un grupo a otro, de un niño o niña a otro, dependiendo de sus características, de sus capacidades, de su historia personal… Y sabemos, que nuestras palabras, nuestros gestos, nuestros refuerzos…, a pesar de todos los elementos que tenemos en contra, influyen de forma notable en su amor por la educación,  en su concepción del ser humano y de la vida.

Estaremos de acuerdo en que las cosas han cambiado

Además, tanto ustedes como nosotros estaremos de acuerdo en que las cosas han cambiado mucho desde que comenzamos a trabajar, hace ya un poquillo de tiempo.
En nuestro colegio, somos un Claustro estable y muchos llevamos más de dieciocho años trabajando en la escuela -somos de los peor pagados en el estado español,  según declaraciones de la propia Consejera-.
Lo cierto es  que en este periodo la escuela ha dejado de atesorar, de forma exclusiva, la función de formación cultural de nuestro alumnado y la figura del maestro ha sufrido una cierta pérdida de legitimidad moral.
Nuestros niños y niñas no son como los de antes.

Nos vemos obligados a contrarrestar los mensajes que menosprecian
la formación y el esfuerzo.

Detrás de la variedad del alumnado presente hoy en nuestras aulas, hay una diversidad familiar y social con la que hemos de contar. Los horarios de trabajo, los cambios en las familias, los problemas existentes en las mismas… impiden, en muchas ocasiones,  el desarrollo de sus funciones protectoras y educadoras, que han de ser compensadas en la escuela. Desgraciadamente son muchos los niños y las niñas que se crían solos,  teniendo como única referencia la escuela (con todas nuestras limitaciones), la televisión, los videojuegos e INTERNET. , que generalmente van en contra de los valores que les queremos transmitir.
Desde el centro nos vemos obligados también a contrarrestar los mensajes de una sociedad que menosprecia la formación y el esfuerzo como elemento de éxito, que genera el deseo de poder, de consumir, de poseer, de despilfarrar, de conseguir lo que se quiere a costa de lo que sea, sin considerar a la otra persona…
Y las maestras y maestros nos hemos tenido que adaptar a todos estos cambios, sin demasiada ayuda por parte de nuestra empresa, la Consejería de Educación. Hemos tenido que actualizar nuestros conocimientos, cambiar nuestras formas de enseñar, cumplir el papel de educador, orientador, trabajador social, agente de viajes, monitor, administrativo, enfermero… y un largo etcétera que hace de nuestro trabajo una tarea bastante más complicada que hace veinte años.

Mantenemos nuestra ilusión, nuestro compromiso...

Hoy enseñamos a leer y escribir, a razonar, a conocer su entorno, nos preocupamos de desarrollar el amor por la lectura, de que conozcan bien un segundo idioma, de que se alimenten de forma saludable, que cuiden su cuerpo, que practiquen deporte, que conozcan nuestra cultura canaria, que conozcan y cuiden su entorno, que sepan buscar información en libros, en INTERNET…, interpretarla y reelaborarla, que sepan diferenciar una información de una opinión, que aprendan a investigar, que reconozcan el valor de la familia, sean respetuosos con los demás, que asuman valores de igualdad, de tolerancia, de solidaridad, que resuelvan sus conflictos de forma pacífica…
Y eso supone la organización, desarrollo y evaluación de un conjunto de actividades que superan ampliamente las obligaciones que la Consejería de Educación nos asigna como docentes, y a las que dedicamos muchas horas de nuestro tiempo personal y de dedicación familiar.
Es más, para poderlas realizar, La Consejería nos exige una serie de trámites burocráticos, cuya única contrapartida es una miseria de dinero que no cubre los gastos derivados de las mismas.
Sin embargo, afortunadamente, mantenemos nuestra ilusión, nuestro compromiso, nos sentimos orgullosos de nuestra profesión y de nuestro colegio.
Y junto a nuestro alumnado y sus familias seguimos trabajando desde un código que no cambia: el de la complicidad, el del aprendizaje conjunto, el de propiciar una formación académica y humana de calidad en nuestro alumnado, el de contribuir a alcanzar un mundo en paz, donde las personas podamos hablar y nos sepamos escuchar, con la mirada, los oídos y el corazón.
Pero también nos sentimos especialmente preocupados, entristecidos y defraudados por las descalificaciones y faltas de respeto a las que nos hemos visto sometidos en los últimos meses por parte de la Consejería de Educación. En esta campaña se ha pretendido cargar la responsabilidad de la mejora educativa exclusivamente en nuestras espaldas, y los dirigentes de la Consejería nos han pretendido enfrentar a nuestra sociedad.

La mejora del sistema público de enseñanza nunca podrá partir del descrédito
de sus trabajadores y trabajadoras  

Consideramos que nuestra práctica diaria deja claras evidencias de nuestro compromiso con la calidad e igualdad de oportunidades en la escuela. Es más, creemos que a pesar de no contar con demasiados apoyos, con medios necesarios, hemos avanzado de forma considerable, hemos concebido la escuela como un lugar donde todos colaboramos - profesorado, alumnado y familias -, donde aprendemos de la tarea colectiva, donde hemos ido creciendo desde la diversidad, dando hermosos frutos en nuestro alumnado, que nos enorgullecen.
Y estas actitudes por parte de la Consejería nos preocupan especialmente, porque, en la práctica, se convierten en ataques a la escuela pública canaria.

Por ello:

En este mayo no tenemos mucho que celebrar en la escuela

1. Y pedimos encarecidamente a las familias de nuestro alumnado que sepan leer entre líneas las declaraciones demagógicas de los miembros del Gobierno de Canarias:
No se puede hablar de mejora de la calidad educativa, cuando año tras año se rebajan los dineros destinados a la educación pública (del 6.13 % del PIB en 1991 se ha pasado al 4.23 % en 2007). Y además se derivan muchos recursos a la privada-concertada, permitiéndoles que continúen con sus privilegios.
No se puede hablar de mejora de la calidad educativa mientras el número de profesoras y profesores de nuestro centro se decida desde un programa informático, que sólo contempla 25 alumnos por grupo (pudiendo llegar a 30 por “movilidad de matrícula”), y no las distintas características de este alumnado, la presencia de niños con dificultades importantes, los proyectos que se desarrollan en el centro…
No se puede hablar de mejora de la calidad educativa cuando no se nos dota de los recursos materiales para ello. Sólo hace falta recordar que el mobiliario de nuestro centro es el existente en el momento de su inauguración hace ya 32 años.  Además de su deterioro  hemos de reseñar que los niños y las niñas de hoy son bastante más altos, lo que está conllevando posiciones forzadas de nuestro alumnado en la rutina diaria.
No se puede hablar de mejora de la calidad educativa mientras no contemos con profesionales que nos ayuden a afrontar los problemas diarios que encontramos en nuestras aulas y que desbordan el ámbito de ésta: déficit de atención, hiperactividad, ansiedad, actitudes disruptivas… cuyo origen personal, familiar y social ha de abordarse desde una intervención más integral. En nuestro centro contamos con una orientadora  dos días a la semana, una trabajadora social, un día, y una logopeda, dos medios días.
No se puede hablar de mejora de la calidad educativa cuando se imponen resoluciones, cuya aplicación conlleva que no podamos dar una respuesta educativa adecuada al alumnado con necesidades específicas de apoyo educativo, dada la escasez de recursos (maestros/as) con los que se dotan a los Planes de Atención a la Diversidad y a las elevadas ratios de las aulas.
No se puede hablar de mejora de  la calidad educativa mientras no contemos con el personal de comedor necesario para ofrecer una atención educativa de calidad desde nuestro comedor. En nuestro centro, tenemos una vigilante de comedor por 34    alumnos/as de infantil (3-5 años) y de primaria (6-11 años). Para el próximo curso no hay previsión de aumento en su número, por lo que nos podemos ver obligados a dejar algunos alumnos y alumnas sin este servicio.
No se puede hablar de mejora de la calidad educativa mientras las bajas de nuestro profesorado ,de menos de 15 días, no sean  cubiertas por docentes sustitutos.
No se puede hablar de mejora de la calidad educativa mientras no contemos con personal de administración a tiempo completo, que permita al profesorado y al equipo directivo dedicarse más intensamente a las tareas pedagógicas que les corresponde.
No  se puede hablar de mejora de la calidad educativa mientras se cuestiona nuestro trabajo, y no se valora suficientemente nuestra función social. Dentro de esta valoración, hemos de recordar que desde el año 95 nuestro sueldo fue congelado, aún existiendo una ley de homologación aprobada en el Parlamento canario,  mientras que el de otros funcionarios del mismo grupo ha aumentado considerablemente.

2. Pensamos que en este mayo no tenemos mucho que celebrar en la escuela. Y pedimos encarecidamente a las familias de nuestro alumnado que nos apoyen en la defensa del servicio público de educación en nuestra escuela.

3. Pensamos que en este mayo no tenemos mucho que celebrar en la escuela. Y solicitamos encarecidamente a las familias de nuestro alumnado que comprendan  la decisión de no celebrar este año el Día de Canarias en la escuela, ni participar en la  confección de la alfombra del Corpus de La Laguna.

Tenemos que hacer llegar a la Consejería de Educación el mensaje de que no estamos para celebraciones, que algo anda mal en la escuela, y que este malestar pasa por las actitudes intransigentes, faltas de verdad y respeto hacia nuestra profesión y nuestra escuela  que estamos sufriendo por parte del Gobierno de Canarias.

Sólo pedimos dignidad y reconocimiento de nuestros derechos. Pero, sobre todo, apoyo real a la calidad educativa en la escuela que ofrece igualdad de oportunidades a la población, a la escuela pública.


Claustro del Profesorado del CEIP Las Mercedes
 
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