"¿Qué es la avaricia? Un continuo vivir en la pobreza por temor a ser pobre" (San Bernardo de Claraval) Aunque reconozco que lo hice con relativa frecuencia durante un gran recorrido de mi existencia, porque me concibieron con más corazón que cerebro o tal vez cultivé más un órgano que el otro, en este caso, sinceramente, no tengo la sensación de que –varios años después de aguardar pacientemente las razones de la parte neocapitalista del debate- haya reiterado mi vieja tendencia de morrudo.
Me he sentado a esperar esos argumentos, debo confesarles, y, a causa de esta eterna demora, ya no tengo –dimitidas ellas a causa de la asfixia física y emocional- ni almorranas. Mi posicionamiento, al respecto del Jilipuerto Industrial de Granadilla , está más que razonado, o al menos, conforme con mi fundamento; el cual, si quieren que les diga la verdad, he recobrado, no sé si a causa de los años, de los palos, de las flores, a mis 47 para 48. Es más, desde que he asumido que "el éxito, en la pareja, consiste en obedecer y estarse calladito la boca" ("Pollo de Chasna", Editorial Calle Norte, 2006), he pegado a conocer la faz del amor, la fisonomía de la estabilidad y hasta el semblante del saldo bancario positivo. Mi posicionamiento, al respecto del engendro jiliportuario , está bien madurado, siendo que -por cierto- empleo esta expresión, Jilipuerto Industrial de Granadilla, sin el ánimo de ofender, ni muchísimo menos, a quienes –amigos, varios- creen que el progreso sólo guarda relación con los dígitos de una cuenta bancaria; sin el afán de deshonrar a quienes –en la calle, en el bar, en la bodega o en el terrero- me empujan, directa o indirectamente, para que me introduzca en esa dinámica esquizoide del bizne como gran objetivo existencial; sin la pretensión, digo, de incomodar a quienes –en su sano juicio, noble y completamente convencidos de la necesidad del jilimuelle - defienden la necesidad del jodido jilidestrozo o jilipelotazo . No me se ofendan los partidarios del jilipuerto , en fin, porque –más allá de la inspiración que pudiera producirme ver varado en la costa al cetáceo Luis Suárez Terror, cuyas presiones me paso por el forro de mis neuronas-, empleo el jili a modo y manera de broma, porque es sabido que gusto mucho de hacer el humor, y en caso alguno, como debe comprender la Autoridad esa, con la intención de irritarlos. Estoy en contra del Jilipuerto Industrial de Granadilla , independientemente de la presunta adecuación de sus medidas, porque, con sinceridad, no me contenta que el engendro sea grande o chiquitito, sino que, aún cuando compute dos quilómetros o dos milímetros, casi prefiero, con el permiso, no me hagan la putada; no me la hagan a mí, pero sobre todo, no se la hagan a mis nietos, los cuales aún no han nacido, y, salvo milagro, ya traerán el monóxido de carbono incorporado en el cordón umbilical. Estoy en contra del Jilimuelle, porque entiendo que –salvo en estas carreteras medievales con las que se nos ha castigado, para que ustedes vean cómo son las cosas- ya estamos sobrados de alquitrán en esta parte de la Isla; porque me niego a meterme en esa dinámica extraviada, monomaníaca y viciosa de poner precio, y, usando los títulos de los ejércitos del extinto Pancho, vender la tierra, el mar y el aire, al mejor postor, o impostor, del contenedor; porque, si participo del disparate, no tendré autoridad para explicar a las futuras generaciones de sureños, chasneros e isleños, lo sean naturales o de adopción, a mis nietitos en fin, por qué les arrebatamos –aquel legado natural que recibimos de nuestros ascendentes- el oxígeno, el medio, el mar y el territorio; porque bastante exótico y kamikaze es el asunto del Godo Incluido en la actividad comercial, dentro de la industria turística, para castigar –con la asunción de nuevas toneladas de chapapote- la pureza medioambiental de este destino; porque, al menos que yo memorie , y desde luego ponderando la nobleza del oficio, los sureños no tenemos vocación de estibadores, sino preferentemente –a base de empujones turísticos- aptitudes de monitores de golf, y, porque –la verdad- no veo a nuestras gentes cargando, descargando y distribuyendo las gabelas del jiliPrestige ; porque, a causa de la brutal explosión demográfica que producirá el jilibizne , no vamos a caber en la Isla y terminaremos dándonos unos rabos muy embarazosos; y porque, en fin, desde el área metropolitana, Luis Suárez Terror y Los de Palacarruina nos han tomado el escaso –con chicharrerita falta de respeto- desde el primer hasta el último minuto de este partido , que, sin duda, aún no está concluido y ofrece ahora la perspectiva de la disputa de una prórroga, o alargue a decir de mis ocurrentes y recurrentes argentinos, muy emocionante. Por lo demás, y puesto que ya les he dicho que sólo quiero ser periodista al respecto de todo aquello que termine en ista, me parece surrealista la demonización del ecologista, que integra –ni más ni menos- un variado movimiento político, social y global que defiende la protección, la gestión sostenible y la restauración del medio ambiente; conceptos que se han convertido, Dios santo, a los ojos de los defensores de la viagra del bizne y la erótica del euro , en auténticas palabrotas, blasfemias y maldiciones. O sea, el término "ecologista", que define al ciudadano que lucha por un ideal tan noble como el amparo del medio natural, se emplea hoy tan despectivamente –desde determinadas lenguas, lengüinas , bocas, bocazas , habladores y jablantines - como lo hicieron fascistas de todos los tiempos, y de esta época aún, para referir (de manera desdeñosa, ofensiva y humillante) la tendencia homosexual de un ser humano. O sea, a causa de la manipulación y el desprestigio permanente del término, y hay que ser enrevesado para revertir tan suciamente el auténtico significado de expresiones ambas, el "ecologista" de hoy es –a los ojos de algunos de estos avaros- el "maricón" del ayer, o, si me apuran, y también ante la mirada pérfida e intolerante de los restauradores objetivos del espíritu de la llamada Santa Inquisición , la "puta" de pasado mañana. Con el máximo respeto para quienes asocian el desarrollo al bizne , asegurándoles que a mí (y sin alcanzar la obsesiva tentación de hacerles el amor) también me gustan las perritas, y reivindicando la pureza, la utilidad y la abnegación del ecologista, quiero invitarlos a la manifestación del próximo sábado, porque el Parlamiento de Canarias desconsidera la voluntad popular y ésta debemos expresarla en la calle, y hacerles saber que –naturalmente- yo, José Manuel Pitti, de 47 para 48 años de edad, periodista, acuario, soltero emtodabía, chasnero, tinerfeño y canario, amigo del cebadal y la tortuga boba, mago y a mucha honra, estoy en contra, coño, del Jilipuerto Industrial de Granadilla. Me consuela saber, al margen del resultado final del debate, que –por más que se empeñen- los especuladores nunca podrán comprar el paraíso, entre otras razones porque San Pedro aún no ha puesto precio –ni se lo pondrá- al metro cuadrado de cielo. |