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"Papá, quiero ser periodista" Imprimir E-Mail
sábado, 07 de enero de 2012

EL RINCÓN DEL BONZO

ImageCarlos Castañosa.- Hace treinta años, si un hijo mío me hubiera sorprendido con tal disparo, me habría causado el gran disgusto de mi vida. No ocurrió así, pero así lo sentía entonces y ni remotamente pensé que tal sucediera, como que a ninguno de los míos le diera por ser torero, trapecista de circo o figura de ballet clásico. Pero, ¡cómo cambia el cuento!. Con el paso de los años - décadas que marcan cada historia personal a ritmo de capítulos  diferenciados - ninguno fue trapecista, bailarín, ni torero.

Sin embargo yo sí me encuentro hoy, al cabo de tanto tiempo, con capacidad de elegir y decidir la opción de dar un mortal y medio emocional. 
 
Tal era el cúmulo de medias verdades, datos falsos, mentiras flagrantes, injurias, insultos y demás maldades que justificarían de sobra mi desprecio hacia quienes en aquel tiempo escribían impunemente al dictado del “amo”. La decepción definitiva la recibí al descubrir casualmente que el redactor jefe de un periódico económico, tuvo el premio, por los servicios prestados, de unas vacaciones todo pagado con su familia, 15 días en Santo Domingo (concretamente en Playa Bávaro), ¡A cargo de la empresa en  que yo trabajaba!

Creía tener motivos viscerales para tomar manía a los autores de tanta fechoría, máxime cuando al día de hoy, todavía prevalecen las secuelas de algunos tópicos que entonces se inocularon a una opinión pública incauta, desinformada y sin capacidad de criterio propio.
 
Una vez rescatado de mí mismo y de mis desvíos afectivos hacia  la profesión que, en general, hoy admiro por la mayoría de personajes que la configuran, no voy a caer ahora en la debilidad de reivindicar la veracidad de aquella perturbación informativa porque tal vez caería en lo mismo que aquí recrimino, sino que aprovecharé la lección recibida en negativo para revelarla en el laboratorio de mi conciencia para dar forma a los principios morales y a la ética preconizada en el código deontológico de la práctica informativa en lo que se refiere, sobre todo, a la veracidad y a la libertad de expresión, ajustando el dictado a los Derechos Fundamentales de nuestra Constitución.
 
Claro, que los “presuntos” que tan abundantemente pululan por los bien “levantados” secretos sumariales, no vayan a solidarizarse con mis anteriores penurias, pues no es el mismo caso. Entonces, fuimos varios quienes sufrimos el denigrante acoso informativo. En cambio, ahora son los otros los que amordazan, compran o extorsionan  a quienes  intentan informar objetivamente  y con veracidad. Esta anomalía social induce a valorar y a trabajar en favor de la entidad profesional de una mayoría de informadores, cuyos valores éticos prevalecen sobre el miedo y los intereses espurios de algunas instituciones y personajes con indicios de putrefacción que, además, alardean de la propia  pestilencia.
 
También la Constitución define como Derecho Fundamental el de todo ciudadano a recibir “información veraz”… Seguiremos luchando por ello…

Santa Cruz de Tenerife a 7 de enero de 2012
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