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SB-Noticias.- Guillermo de la Barreda, médico de reconocido prestigio y miembro del sindicato UGT, lamenta que la ciudadanía no reaccione ante los graves problemas por los que atraviesa la sanidad pública canaria, que la convierten en la comunidad autónoma del país con mayores problemas en lo que a listas de espera se refiere. “El ciudadano está a lo que le venga encima...le da lo mismo”, comenta.
“No interesa que la sanidad pública funcione”, afirma de la Barreda, quien asegura que conoce casos en los que determinadas consultas de especialistas tienen una lista de espera de más de 300 días. Observa, además, que el problema de las listas de espera se ve agravado cuando para establecer un diagnóstico es necesario el criterio de distintos especialistas médicos. En estos casos, el paciente puede esperar unos 200 días o más para ser atendido por el médico, que a su vez le remite a otro para el cual tiene que esperar otros 200 días, y regresar al primero. A su juicio, no interesa que la sanidad pública funcione porque, de esta manera, se potencia la sanidad privada. Así, explica que en el ámbito sanitario privado se reciben dos tipos de ingresos o pacientes: los que acuden a ella porque no pueden esperar un año para ser atendidos, a los cuales se suma el dinero que los centros privados reciben oficialmente por conciertos sanitarios, cuya última cifra supera los 200 millones de euros. Apunta de la Barreda a que, mientras tanto, los centros sanitarios están cerrados, las obras del centro de especialidades del HUC están paradas, y “se engaña” a la población diciendo que se crean hospitales para el norte y el sur de Tenerife. “Lo que se ha creado no son verdaderos hospitales”, matiza el médico, “son centros sanitarios que solamente van a tener una asistencia socio-sanitaria, un ambulatorio de especialidades y un paritorio junto con una unidad de cirugía mayor ambulatoria”. Señala que, de producirse por ejemplo un problema en un parto, estos centros carecen de unidad de neonatología. “No tienen los criterios mínimos de lo que tendría que ser un hospital comarcal regional de tercera categoría”, concluye. Critica los planteamientos que defienden que las inversiones en sanidad privada se ahorra un 25%. “En la salud no podemos hablar de ahorro, tenemos que hablar de calidad de asistencia”, dice de la Barreda. Explica que las infraestructuras de hospitales públicos y privados “no tienen ni punto de comparación”. Mientras que en el público hay diariamente un promedio de unos 40 especialistas fijos entre los que se encuentran en el centro y los de primera llamada, en uno privado normalmente sólo hay un médico, y normalmente sin especialidad. En cuanto a las urgencias, observa que en un centro público normalmente se encuentran entre 4 y 8 médicos de turno, mientras que en uno privado tan sólo uno. Dado que en torno al 70% del costo de un hospital viene dado por el gasto en personal y, por tanto, cuanto más numeroso y cualificado sea éste mayor será el coste, el negocio de las privadas reside en que reciben unas cantidades de dinero que no se ajustan a los parámetros de personal y de calidad. “Ahí está el negocio”, sentencia de la Barreda. Afirma que la sanidad privada cumple unos “mínimos mínimos” y que las patologías más rentables se dirigen a los hospitales privados, mientras que las más costosas se quedan en los públicos. “No conviene decir las verdades”, comenta el médico, quien reconoce que por ello se sufre el rechazo de muchos profesionales que viven del negocio que supone la sanidad privada, además de los dirigentes de los hospitales, pues de alguna manera se critica su gestión. Cuenta que se vive en un “ambiente de tensión las 24 horas del día” y que se hace caso omiso de la opinión de expertos como él: “Cuando haces peticiones, las meten en los cajones”, comenta. |