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Inadmisible explotación infantil PDF Imprimir E-Mail
lunes, 17 de marzo de 2008

Justo Fernández Rodríguez.- 

El trabajo infantil constituye un problema generalizado, muy especialmente, en los países en desarrollo. En África y Asia se encuentra mas del 90% de los niños que se ven obligados a trabajar. Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), en el mundo hay 246 millones de niños, comprendidos entre los 5 y 17 años, que trabajan y la India es el país en que existe una mayor cantidad de niños explotados. 73 millones son menores de 10 años.

La gran mayoría de los niños que trabajan en el mundo no lo hacen en fábricas o talleres clandestinos, ni en el servicio doméstico o como vendedores ambulantes en áreas urbanas. El 70%  de los menores trabajan en plantaciones y otras explotaciones agrarias, a menudo de sol a sol, en tareas de siembra y de cosecha, rociando plaguicidas y atendiendo al ganado.  Los niños son obligados a realizar jornadas agotadoras, utilizar herramientas afiladas, diseñadas para adultos,  transportar cargas demasiado pesadas y  utilizar maquinaria peligrosa. Se ven expuestos a plaguicidas tóxicos, enfermedades, condiciones meteorológicas adversas, condiciones insalubres  y a padecer todo tipo de acosos y abusos.

Cerca de un millon de niños, trabajan en minas y canteras de pequeña escala, violando el Convenio 182 de la OIT. Los menores excavan y extraen mineral de minas subterráneas, se sumergen en ríos y túneles inundados y transportan materiales pesados, sin equipos y formación adecuados. Muelen roca y la mezclan con mercurio para extraer oro. Golpean la piedra hasta convertirla en gravilla. Viven en áreas, en las que el suelo, el agua y el aire están contaminados. Sufren un cansancio constante y problemas musculares y de espalda, así como rotura de extremidades. A diario, corren el riesgo de padecer lesiones graves, enfermedades crónicas o morir, con el agravante de la ausencia de hospitales cercanos a estos lugares de trabajo, lo que dificulta que los niños accidentados puedan recibir atención sanitaria rápida y adecuada. Según la OIT, 22.000 niños mueren cada año en accidentes relacionados con el trabajo, que se ven obligados a realizar. 

Las niñas llevan a cabo tareas relacionadas con las etapas de extracción, el transporte, el procesamiento de la minería y la venta de alimentos y materiales a los mineros, afrontando jornadas laborales mas largas. El crecimiento de la demanda de su mano de obra, generada por una pobreza desesperada, no coincide con una reducción de sus obligaciones domésticas. Las niñas que trabajan en la minería son obligadas a combinar escuela, trabajo y labores domésticas, lo que las obliga a realizar jornadas de mas de 15 horas diarias.

Un 8% de niños son obligados a trabajar en la industria manufacturera, otro tanto en el comercio al por mayor, por menor, restaurantes y hoteles y un 7,4% lo hace en servicios personales, sociales y comunitarios, como el servicio doméstico. Aún, 8,4 millones de menores se encuentra atrapado en sistemas de trabajo cercanos a la esclavitud, el trafico de personas, la servidumbre por deudas familiares, la prostitución, la pornografía y otras actividades ilícitas, según la OIT.

El pasado año, Save The Children hizo publico un informe sobre el trabajo infantil en España que no puede dejarnos satisfechos. Los casos de pornografía y prostitución infantil se multiplican. En comercios familiares, de pueblos, trabajan mas de 15.000 niños, con perjuicio de su escolarización; 10.000 lo hacen en tareas agrícolas familiares y 2.000 en la venta ambulante. Alrededor de 200.000 tendría diversas ocupaciones sin definir claramente, como trabajo doméstico, en su propio domicilio o en otros; la mendicidad, el hurto y  trabajos de ocasión callejeros.

Según la Comisión de Salud europea, en España, el 26% de los menores padece riesgo de pobreza. Tres puntos mas que hace diez años y siete mas que la media de la Union Europea. Las ayudas sociales, en España, dedicadas, especialmente, a la infancia, son las más bajas de la Union Europea.

El 2 de junio de 1998, cientos de niños culminaron la Marcha Mundial contra el trabajo infantil, subiendo al escenario de la Conferencia Internacional del Trabajo, después de recorrer mas de cien países. Todavía no se han cumplido diez años, cuando más del 90% de los 181 Estados miembros de la OIT, han ratificado el Convenio num.182, contra las peores formas de trabajo infantil. Aquellos niños sentaron un importante precedente, dirigiéndose a los delegados pidiéndoles la adopción de normas que afectara, positivamente, no sólo, a sus vidas, sino también las de millones de niños en su situación.

En la actualidad existe un consenso mundial en la consideración del trabajo infantil como uno de los compromisos globales fundamentales en la lucha contra la pobreza y el fomento de los drechos humanos.

La lucha contra la explotación de menores, ha sido encabezada por los sindicatos, en los países donde se produce o desempeñando un importante papel en la elaboración de los convenios de la OIT y presionando para que los gobiernos ratifiquen y apliquen esas normas. Guy Ryder, Secretario General de la Confederación Sindical Internacional, ha denunciado:“Hay decenas de millones de chicos que trabajan en lugar de ir a la escuela. Los gobiernos deben demostrar la voluntad politica necesaria para invertir en educación y velar para que haya leyes enérgicas contra el trabajo infantil”.

Desde 1999,  se puede constatar:
-la emergencia de un movimiento mundial contra el trabajo infantil que ha alcanzado un consenso sin precedentes, en cuanto a que, la globalización no puede ser alimentada por la explotación de niños productores de artículos baratos que, posteriormente, se venden en establecimientos minoristas de países ricos.

-El reconocimiento, deseablemente universal, de que la existencia de la explotación laboral infantil, no puede constituir una ventaja económica, sino un desperdicio de recursos humanos de enorme valor y una barrera que bloquea la realización de los Objetivos de Desarrollo del Milenio.

-La puesta en marcha de los programas de duración determinada para la erradicación de las peores formas de trabajo infantil en 23 países, con el objetivo de eliminarlas para 216.

Pero, los sindicatos no pueden permanecer inactivos, creyendo que con la adopción del Convenio 182  de la OIT, el trabajo ha terminado. Tienen que presionar, a  gobiernos y parlamentos, para que adopten medidas eficaces que reduzcan drásticamente o eliminen la explotación laboral infantil en todos sus vergonzantes aspectos y las organizaciones empresariales para que cumplan las normas laborales y denuncien a quienes les hacen una competencia desleal, explotando niños. 

Justo Fernández Rodríguez

 

 

 
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