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La Provincia / 1 de febrero de 2008.- ALEJANDRO ZABALETA.- Es muy distinto el Miguel Zerolo diputado regional del Miguel Zerolo alcalde de Santa Cruz de Tenerife. El primero, huidizo y silencioso, se parapeta tras su escaño y apenas alza la voz en el hemiciclo de Teobaldo Power.#Nada que ver con el regidor municipal, sabedor de que juega en casa y hábil conductor del derrotero plenario, que ayer supo delimitar desde el primer momento, reconviniendo a la portavoz socialista y avisándola de aquellas cuestiones sobre las que no se iba a debatir. Zerolo también insistió en su magnanimidad para con la duración de las intervenciones ajenas, recordando a la socialista al final de casi todos sus turnos que ya había "duplicado" los minutos que le correspondían.
Mucha expectativa despertó la sesión plenaria. Gran asistencia ciudadana que abarrotaba la bonita sala de plenos de las casas consistoriales de la capital tinerfeña. Heterogénea bancada popular que esperó a la primera, y principal, intervención de Zerolo para aplaudir enfervorecida. Poco después comenzaría el éxodo escalonado de esos mismos espectadores, de manera que hacia el final del pleno ya apenas quedaban la mitad de los que habían entrado dos horas antes, y los periodistas podíamos hacer nuestro trabajo más cómodos, todo sea dicho. Una vez despejados los balones lanzados por Gloria Rivero en su primera intervención, el pleno se desarrolló tal y como quería Zerolo. Y para ello, nadie mejor que la responsable municipal de Urbanismo, Luz Reverón, con su perfil técnico. Reverón supo aturdir a la oposición y al público con una retahíla de expedientes, convenios, informes y planificaciones urbanísticas. No obstante, el alcalde estuvo muy atento a todo lo que iba diciendo, no fuera a caer en las trampas que le trataban de tender los socialistas. Así, a punto estuvo de dejarse llevar en una cuestión sobre el informe emitido por Pía Oramas. Un gesto, una mueca de Zerolo, la disuadió de resbalar hacia los terrenos dialécticos que proponía el PSOE. Al final el alcalde consiguió lo que quería. Se habló mucho pero no se habló de nada, ahogados todos en el mar de tecnicismos que esparcía Reverón con sus legajos, sus precisiones y sus dominios públicos marítimo- terrestres. La propia Gloria Rivero, picada quizá por su vocación de jurista, entró a ese trapo tecnócrata lanzado por Reverón, y ahí nos quedamos sin pleno. |