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Juan Negrín Imprimir E-Mail
Escrito por Eligio Hernández   
miércoles, 30 de enero de 2008

ImageAcabo de regresar de Valencia donde se inauguró la semana pasada  en el viejo y bellísimo edificio de la  Universidad de Valencia, capital de la República, bajo la presidencia de su rector,  la exposición que se hizo en la Laguna y en  Las Palmas, Madrid y Barcelona,  sobre Don Juan Negrin, con motivo del setenta cumpleaños de su fallecimiento en Paris.

Se celebró un debate interesantísimo  en el que intervino José Medina, presidente de la Fundación Juan Negrin, y yo, como vicepresidente. En un acto muy emotivo para nosotros, Carmen Negrin, nieta de Don Juan, ocupó el sillón  presidencial del anfiteatro donde se celebran los plenos del Ayuntamiento de Valencia, rodeada por los miembros de la Fundación. El mismo sillón que en el año 1938, don Juan  Negrin, que había sido nombrado en el mes de mayo de ese año presidente del Gobierno por Azaña, ocupó para presidir el famoso Congreso Internacional de Intelectuales Antifascistas . El próximo día cuatro de febrero se descubrirá por  el Alcalde de Paris una placa en la casa en que vivió Don Juan Negrin, hoy ocupada por su nieta. Con dicho motivo se celebrará una mesa redonda en la Casa de Cervantes en Paris.

Durante mi estancia en Valencia tuve una de las satisfacciones más importantes de mi vida: Un campesino de mi pueblo del Pinar, isla del Hierro, autodidacta, culto e inteligente, Atilano Quintero Morales, casado con Petra Quintero, prima hermana de mi madre, fue movilizado en 1936. Logró pasarse a las filas de la República, por la que luchó en toda la guerra civil. Derrotado el ejercito republicano se exilió en Francia, donde, al ser invadida por los alemanes, se unió a la Resistencia Francesa para luchar contra los nazis. Detenido por la Gestapo, fue internado en un campo de concentración del que logró fugarse. Regresó a España y se integró en los Maquis, en la Agrupación Guerrillera de Levante y Aragón, de la que llegó a ser jefe del 5º Sector. El 1º de agosto de 1947, seis días después de haber nacido yo, lo fusilaron en Paterna (Valencia), después de haber sido salvajemente torturado. Dos días antes avisaron a su mujer para que lo visitara, y cuando llegó a Valencia ya lo habían fusilado. En el momento de la ejecución le fueron a vendar los ojos y se opuso a ello diciendo: “tengan el valor de matar a un hombre mirándolo a la cara”. Cayo al suelo con un ¡Viva la República!. Yo había tenido contacto con Salvador F.Cava, que ha escrito un densísimo libro sobre la Agrupación Gerrillera de Levante, en el que sobre Atilano, cuyo nombre guerrillero era “Tomás”, dice: “guerrillero de máximo prestigio  que había llegado de Francia. Recibió la orden de marchar a Valencia para hacerse cargo del Mando de la Agrupación de Levante. Esta designación se debió en parte a su prestigio. Se le asignó la categoría de Comandante”. Salvador, significado periodista y poeta, me dio la sorpresa de presentarme a los dos únicos ancianos guerrilleros que sobrevivieron, de 95 y 86 , compañeros y subordinados de Atilano, al que recordaban con afecto y admiración. Ambos se fundieron conmigo en un abrazo y  mis lágrimas de emoción se mezclaron con las suyas.

Desde Valencia llamé a Venezuela y hablé con la prima de mi madre, Petra, de noventa años, la mujer de Atilano. También hablé con los dos hermanos de Atilano que aún viven, ya nonagenarios, en mi pueblo del Pinar. Un nieta de Atilano, María Ángeles Quintero vino de Venezuela y vive en Telde, Gran Canaria. Estuve con ella el lunes.

Aparte de los tres líderes socialistas de mi pueblo : Miguel Padrón Casañas, prestigioso líder sindical en Las Palmas; Manuel Hernández Quintero, maestro y Alcalde de Firgas; y José Padron Machin, periodista y escritor,  conocidos como “los huidos”, que fueron objeto de persecución y cautiverio en los campos de concentración de Fifes y Gando, dieron su vida por la República tres piñeros: Atilano, del que he hablado, fusilado por el fascismo; Aquilino González, pastor de cabras, analfabeto, que fue abatido en la trinchera en el momento en que se pasaba para las filas republicanas; y Juan Rodríguez, que llegó a ser teniente del ejercito republicano, y murió en el frente de Teruel aferrado a su ametralladora. Estoy trabajando para que estos  “héroes”  de mi pueblo reciban su merecido homenaje y sean recordados por las generaciones futuras de piñeros, recién constituido en Municipio. Me siento orgulloso de mi pueblo, a quien unos versos de mi pariente y amigo de la  infancia, residente en Venezuela , el poeta Armado Hernández Quintero,  ha exaltado magistralmente en estos versos:


                                  Suenen tambores piñeros
                                  No se callen, canten, canten
                                  Del Meridano a las Playas
                                  Por las Casas y los Jables
                                  De la Restinga a Malpaso
                                  Por Taibique y por Los Valles

                                  Y que todo el mundo sepa
                                  Que este es un potro salvaje
                                  Que nunca ha aceptado freno
                                  Ni cadenas que lo amarren

                                   Para que todos se enteren
                                   Que este pueblo es indomable
                                   El pueblo de San Antón
                                   El pueblo de los romances
                                   El Pueblo de los almendros
                                   El pueblo del  tajaraste
                                   El pueblo de la alegría
                                   Y de la sangre que arde
                                    Porque aquí no hay capones
                                    Ni bueyes los prados pacen
                                    Ya que siempre fuimos libres
                                     Como el sol como las aves
                                     Y a los hijos de esta tierra
                                      No existe bozal que calle.


Eligio Hernández
          

 
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