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El pasado noviembre se celebró en la ciudad de La Laguna el III Congreso de Poesía Canaria protagonizado, como no podía ser de otra manera en un evento de tal envergadura, por los pesos pesados de la literatura regional. No pudieron faltar los Premios Canarias Arturo Macanti y Carlos Pinto Grote quienes clausuraron el congreso con un duelo de odas y sonetos, ni tampoco otros grandes eruditos de la materia. Un cartel adornado con una cincuentena de relevantes especialistas de esta expresión artística, daba cita a lectores, escritores y al público en general.
Con el tema Pensar Poesía en Canarias, nueve mesas monográficas dieron pie a que estos teóricos y practicantes de los versos expusieran sus más meditados pensamientos. Y, a pesar de la variada temática a debatir, todos los coloquios desembocaban en dos piélagos con profundas controversias: el dilema universal que ha enfrentado a clásicos y modernistas al hablar de Poesía y el afán por precisar el concepto intimista de Identidad que tanto protagonismo adquiere en las estrofas canarias. Respectivamente estos contenidos podrían corresponder a la forma y al fondo, el cuerpo y el alma de la retórica; muy acertado y estratégico lema para que los invitados revelaran tales reflexiones.
La identidad es la búsqueda de uno mismo y se concreta a través de las palabras. No es precisamente la identidad individual o la voz poética que desaparece detrás del “yo” la que toma relevancia en este congreso, sino la identidad colectiva que tanto caracteriza al espíritu nativo de un pueblo, y es ésta la que algunos de los ponentes pusieron de manifiesto. Estos teóricos se posicionaron en sus discursos tomando como referencia las coplas canarias. Entre los diferentes asomos expuestos, logrando definir la identidad que distingue a este pueblo a través de la poesía, destacaron varias perspectivas controvertidas que son comentadas brevemente a continuación. Con el título Antilio Cabal: otra patria el ponente, Antonio Jiménez Paz interpreta los versos de este exiliado canario a la vez que muestra sus estudiadas observaciones. Jiménez Paz desenmascara a un pueblo con identidad incompleta y sin descripción precisa, que ha sido desde su origen errático porque ha avanzado sin tener claro su identificación. Igual que las islas parecen perdidas en el océano, los isleños son náufragos extraviados en un mar que aterroriza. Hay una búsqueda notoria de identidad, “caminando a lo que se es sin ser mientras se va haciendo”. Nunca sabemos hacia donde vamos. Frases como “ciudadanos del planeta” de Ernesto Delgado Baudet y “huérfanos de raíces” de Coriolano González tomaron el relevo para posicionarse en la difusión y la transculturalidad del pueblo canario.
Sin embargo, en otra vertiente diferente de este nivel analítico se exhibe las conclusiones de Víctor Álamo de la Rosa quien define a los isleños como “descendientes del mar, seres líquidos”. Partiendo del poemario “Canción Atlántica” de Padorno y con la cita de Garciarramos “el atlántico es una fuente de infinitas fantasías”, Álamo de la Rosa pregona la atlanticidad como cimiento de nuestra identidad. El atlántico caracteriza la literatura canaria porque en ella el mar es presencia constante, es “ruido de nuestras propias vidas”. No hay escritor canario en el que no sea evidente una referencia marina. Por el contrario la literatura mesetaria de la castilla profunda es muy diferente a la poesía canaria además de que está muy lejos y tiene poco que ver con nosotros. “El atlántico nos ha hecho a su medida: tricontinentales, emigrantes, independientes, litorales y tolerantes”. Partiendo de esta concepción del mar ética y estética, Anelio Rodríguez Concepción enumera un sinfín de citas de autores canarios en las que, en todas ellas, el mar es protagonista en todas sus formas y facetas. No obstante, Rodríguez Concepción articula desconcertado, delineando a los isleños en la incertidumbre, “perdidos en medio del mapa buscando la palabra que les nombre mientras han asumido la raya del horizonte como marca de su propia piel”. Curiosamente, y haciendo un alto en el camino, Unamuno afirmaba entre conjeturas que “el mar no aísla, el mar trae y lleva y la literatura así navega”.
Con la expresión angustiada de aislamiento en la poesía de Quesada y la voz sobria e irónica de su vivencia isleña, Miguel Martinón hace hincapié en el concepto de insularidad de la poesía canaria destacando la falta de precisión para definirla. “Los poetas canarios alcanzan la conciencia de insularidad tardíamente, ningún poeta isleño fue capaz de concretar hasta que Domingo Pérez Minik logra expresar ese sentimiento y condición”. Las palabras del teórico Oswaldo Guerra exponiendo su testimonio El mito como fármaco de la identidad, irrumpen proponiendo un desafío muy interesante: definir una literatura de región más que una literatura insular. Guerra introduce el modelo de la poesía de Pedro García Cabrera enfocando un contraste con la particular visión del mar, de insularidad y la mítica visión de superación de la poesía de Tomás Morales. Se ha argumentando hasta aquí las intervenciones que han desatado indicios procedentes del intimismo derivado del contenido de las composiciones canarias. Ese nivel de abstracción considerado el alma del poema. Llegados a este punto es momento de entrar en la teoría poética, técnicas que dan forma y proporcionan estructura a la lírica para así potenciar la expresividad y belleza del discurso. El dilema universal que envuelve la espiritualidad de la trova y sus teorías disciplinarias ha sido motivo de discrepancia desde el siglo VIII a. c. hasta nuestros días. Para Platón la belleza de la poesía deriva de un delirio misterioso que conmueve apasionadamente al artífice sin necesidad de aplicar ningún método o táctica; sin embargo, para Aristóteles, en la expresión de sentimientos del artista no existe temática específica, la esencia de la poesía está en la estructura métrica. En su Poética plantea un refinado uso de la retórica que se establece como canon a seguir y al que ningún poeta o dramaturgo podía desobedecer; la poesía no debe presentar las cosas tal y como aparecen en la realidad sino más bellas para despertar en el espectador la “catarsis”. La escuela clasicista cultiva con gran maestría los preceptos aristotélicos, pero en total oposición al racionalismo exclusivo surge la idea, primero romántica y después modernista, de que los cánones sean considerados obstáculos sin sentido, trabas que convierten al arte en puro mecanismo; la poesía obedece y sigue las ondulaciones y los matices del pensamiento. Durante las jornadas, este universal desacuerdo teórico destapa las distintas tesis de los investigadores presentes. En la reflexión que hace Pedro Ángel Martín sobre Alteridad y creación poética, matiza concretamente “cómo el escritor se ayuda a desaparecer por medio de la palabra y se acerca a la alteridad: el poema. La vida aparece como escenario de encuentro y desencuentros, como un espejo que altera el yo. El juego de ser y llegar a otro, acercar la palabra a un arte que va más allá de la simple apariencia y del tiempo. El lector de poesía busca una realidad cercana a lo que ha escrito el poeta, mientras que el lector de novela o teatro es consciente de que lee ficción”. Mariano Vega Luque describe “la poesía como un regalo de la naturaleza. [...] El poeta no tiene porque ser culto. Esa sensibilidad e inquietud cultural nos lleva a indagar porqué escribimos un poema, no obstante la poética es un momento sin relato, momentos que se detienen, momentos en los que eres, nada más”. Sintiendo el mismo impulso y como si de un guión se tratara, José Corredor-Matheos destaca que la poesía no se piensa, sale. La poesía no es un acto de decisión o voluntad, el poeta crea un vacío y sale ese yo. El poeta no está obligado a explicar nada porque la explicación implica el uso de la razón y la poesía hay que sentirla. Paralelamente, manteniendo este equilibrio discursivo, Isidro Hernández expone que “es difícil hablar de una materia tan resbaladiza como es la poesía y reflexionar sobre lo escrito porque la poesía es indescriptible. [...] La poesía nos proporciona un conocimiento del mundo con una calidad sensitiva. La poesía se nutre de las experiencias, los estado de crisis y de desasosiego, surgiendo tras un estado musical del ánimo; comparte con las otras artes el propósito de liberar y dar forma” “El arte no cambia el mundo, pero la poesía recompone la vida y se transforma en un arma revolucionaria que refleja unas prácticas sociales perturbadoras”; así Antonio Orihuela matiza de la poesía su capacidad como medio de lucha en época de crisis moral. La pérdida de los grandes valores supone el colapso de los intelectuales, mientras en el imperio del consumo la poesía se transforma en mercancía. Este poder indagador, revelador y activista de la poesía abre la ponencia de María Dolores Campos-Herrero. No obstante, escuda a la poesía del subjetivismo extremo, en momentos donde las palabras están en crisis hay que tener en cuenta qué es lo que realmente merece la pena como Poesía. Cuando en internet vale todo, es la búsqueda de autenticidad lo que realmente importa al poeta y al lector lo que no le interesa es la ausencia de sentido. Sin embargo, Daniel Bellón prefiere inclinarse abiertamente por el uso de internet para mantener una “relación interactiva con la poesía: reutilizándola, reciclándola y reproduciéndola”. Muchos poetas en internet crean a partir de versos hechos por otros autores creando así grandes composiciones poéticas; un delito que se comete desde el origen de las civilizaciones pues los grandes autores se han copiado siempre unos a otros. Según Bellón “el ego de los grandes poetas impide la edición de sus versos digitalmente para evitar plagios, a pesar de que eso prive a la poesía evolucionar y evite la aparición de otros grandes poetas; Además, buenas ideas siempre dan lugar a otras grandes ideas”. Para concluir con esta recopilación de estudios poéticos, Guadalupe Grande cierra este congreso con un distinguido discurso dirigido fundamentalmente a los poetas del nuevo milenio. Ella encuentra en la poesía “la más inocente de todas las ocupaciones pero se posiciona en el discurso poético en una condición crítica desde el espacio cultural del pensamiento. ¿Desde la poesía se alcanza otro tipo de saberes? ¿Qué clase de conocimiento se desprende del arte? ¿Qué es un poema? ¿Qué es lo que convierte un poema en poesía? [...] Esa materia intangible, intuición a tientas, iluminación e historia es hoy poesía hecha de retales en época de fragmentos y tecnologías puntas. Hasta la vanguardia está en crisis y antes todo cambiaba menos la vanguardia, hay una posición retaguardista. La forma poética actual trasciende las convicciones, va más allá buscando lo nuevo. Con el conocimiento que esta época y la sociedad nos ofrece se tendría que dialogar sobre el porvenir, actualizar el pasado y no repetirlo. Es una preocupación el no saber con que se está trabajando, que no exista esa forma formal, quizás ¿habría que retornar a los orígenes?”. |