| DESARROLLO | MEDIO AMBIENTE | SALUD | POLITICA | ENERGÍA | EDUCACIÓN | POLÍTICA SOCIAL | CULTURA | MEDIOS |
 

Inicio arrow Narrativa arrow UNA TARDE DE ALERTA…
UNA TARDE DE ALERTA… PDF Imprimir E-Mail
martes, 23 de enero de 2007

Casi estoy por afirmar que no deberían recogerse nunca las hojas que yacen caídas. Especialmente, cuando éstas comienzan a amarillear y forman una alfombra crujiente que limpia nuestros pasos. Cada día el funcionario de la empresa municipal se afana en adecentar el suelo de la vieja plaza. Utiliza una rama de palmera enorme para reunir las hojitas inmóviles que, sin destino, sencillamente esperan. A la mañana siguiente… todo vuelve a estar como en la de ayer y así se nos va la vida al árbol que se desnuda, a la hojita que se libera, a la rama de palmera que pulcramente obedece, al suelo de la plaza centenaria, al banco de madera que inútilmente compite con su amigo de piedra, al funcionario público que en secreto piensa…se le escapan los recuerdos a la hojita que reposa a la deriva… a la fuente de mármol blanco y a la verja de hierro pequeñita y discreta…

Sí, sí, afirmo que no deberían recogerse nunca las hojas yacentes. Tendrían que dejarlas para siempre abandonas a su suerte… en el sitio en el que cayeron… en el lugar al que caprichosamente las llevó el destino …como espejismo que con el amanecer se desvanece… a la espera de la bruma que calle abajo desciende… al acecho del finísimo rocío que humedece su cuerpo marchito…

Anunciaron los Medios de comunicación que ayer la Naturaleza se puso en alerta. Los chiquillos no fueron a la escuela. Cerraron las bibliotecas. No hubo clase de música ni de pintura. Las calles de pronto salieron hacia fuera: ¡No hay nadie…! entonces…las hojas caídas de la plaza, con vigor inesperado, se yerguen sobre el minúsculo tallito que les queda…saltan por miles sobre los bancos de madera… aguardan al primer soplo y subidas al lomo del viento trasponen sobre su envés dejando la plaza limpia y vacía… se van alegres, girando otra vez sobre sí mismas…como en el desmayo de su caída primera… se fueron remolineando por los aires… abriéndose un camino en la corriente…

Llegarán quién sabe dónde… contarán al mundo cómo son de viejas y entrañables nuestras calles y cómo están de desnudas nuestras plazas… narrarán agradecidas cómo, en un tiempo, la música de una Banda centenaria las cortejaba cada domingo y cuán triste resultó la despedida obligada en otra tarde de Julio…pormenorizarán con graves gestos y al destello de mil hogueras cuánto se agudiza el dolor cuando la última nota musical se detiene en la incertidumbre de un acaso…

Sucedió todo en una tarde inquieta de otoño… en una tarde sin clases para los chiquillos, sin gente paseando por las calles… en una tarde de pasos sin sombras y de pensamientos agitados. Es del todo verídico el relato. Sucedió en la Plaza de Abajo… mientras el aroma de un café calentito también se iba de la mano del viento…mientras en Nava y Grimón aún suspiraban los ecos… mientras la bandera tricolor de siete estrellas verdes presentaba honores a las hojas que ahora sí, marcialmente, desfilaban ante las pesadas puertas de madera y la desgastada fachada de piedra del Ayuntamiento… sucedió todo en otra vana y lagunera tarde de pregonada Alerta!!!

 
< Anterior   Siguiente >