Desde que abrieron unas zanjas que ocupan casi la mitad de la calzada, la obra lleva casi paralizada desde hace muchos meses, hasta que, con las lluvias, la situación ha empeorado gravemente.
Solo unas cuantas vallas y unas cintas delimitan los enormes socavones que se encuentran al paso de los vehículos con el grave riesgo de seguridad que tal situación ocasiona. Tampoco existen señales luminosas nocturnas para advertir de la peligrosidad de tales zanjas. Todo parece incumplir las más mínimas normas de seguridad.
Muchos de los tubos que se colocaron para la canalización de la electricidad permancen al aire, llenos de agua y de barro que han obstruido su posibilidad de uso. Otros, tras muchos meses, han sido robados por personas que han sido vistas por los propios vecinos de la zona. Cuando de nuevo comiencen las reparaciones, este material estará inservible y habrá que volver a gastar en aquellos lo que, por desidia, se habrá deteriorado y siempre con los presupuestos públicos.
Farolas caídas con su cableado a la intemperie pueden ser vistas y localizadas entre el tremendo lodazal y barrancos en que se ha convertido la Mesa Mota. Carretera y asfalto hundidos, cortes de agua frecuentes e impedimentos para entrar en sus domicilios, rotura del alcantarillado, han hecho que los vecinos denuncien reiteradamente ante Vias y Obras del Ayuntamiento y ante los encargados de las obras estas anomalías y deficiencias, pero sin resultado alguno.
Han tenido que habilitar personalmente sus propias entradas a sus casas con cemento para poder entrar y salir dado el hundimiento de la calzada. Existe grave posibilidad de desplome de muros de las viviendas como puede objetivarse si alguien se toma la molestia de visitar la zona.
Antes de las llegadas de las lluvias se había denunciado que esta situación podía agravarse y así ha sido.
Las distintas fotografías que pueden verse hablan por sí solas del grado de deterioro y peligrosidad que hoy se vive en la Mesa Mota.






