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J. Llinares: “La justicia a veces va más allá de la prudencia y cae en la ocultación de información" Imprimir E-Mail
martes, 18 de diciembre de 2007

Jaime LlinaresSB-Noticias.- El prestigioso psicólogo, Presidente de la Orden del Cachorro Canario, Jaime Llinares, analiza para SB-Noticias distintos temas de actualidad, como el excesivo celo de la justicia al tratar determinados temas de interés públicos, la actitud ofensiva de ciertos líderes políticos o la cada vez mayor incidencia de las drogas en la juventud.

Sobre la información que la justicia ofrece a la ciudadanía

Así, sobre el tema de que los tribunales tengan unos gabinetes de prensa que informen debidamente a la ciudadanía, señala Llinares que en una democracia auténtica, una de los primeros valores que aparece es la transparencia. “La ocultación, el disimulo, la oscuridad, poco tienen que ver con la democracia”, comenta el psicólogo. Aunque entiende que la justicia tenga que mantener, en aras del buen desarrollo de los proceso de investigación abiertos, ciertos secretos, “a veces va más allá de la prudencia y cae en la ocultación”, afirma. En su opinión, esto no es bueno no ya sólo para la democracia, sino para la sociedad, pues si esta se encuentra mal informada comienza a hacer ciertas cábalas, llegando incluso a poder aparecer pensamientos paranoides.

Sobre los insultos de Zerolo a la oposición

El psicólogo también se pronunció sobre los insultos dirigidos por el alcalde de Santa Cruz de Tenerife, Miguel Zerolo, a la oposición en una cena navideña celebrada el pasado día 17 en el Parque Marítimo de la ciudad, llamándoles “enemigos torticeros”, “sátiros”, “mentecatos” o “stalinistas”, concluyendo este discurso del alcalde con un “ladran, luego cabalgamos. Que se jodan”. Según el criterio de Llinares, una persona malcriada, maleducada, malhablada, no puede de ninguna manera ser servidor público. “El pueblo canario tiene que aprender que hay determinadas personas que no se pueden elegir”, comenta el psicólogo, pues entiende que éstas carecen de la madurez necesaria para ostentar un cargo público. Explica que ello redunda en un claro daño a la sociedad en general, a la que transmiten valores del todo inadecuados. Hace referencia a otros líderes a nivel nacional, concretamente a la cúpula del PP: “Son personas violentas, que se dejan llevar por el resentimiento” dice, “tendrían que servirse a sí mismos para tratar de controlar sus instintos”, concluye.

Sobre el inicio de las obras en Granadilla

En otro orden de cosas, Jaime Llinares ser refirió al hecho de que, con toda probabilidad, el próximo día 26 de diciembre den comienzo las obras de construcción del puerto de Granadilla, sin que se haya producido ningún anuncio público al respecto. Insistió de nuevo en la necesidad de actuar en democracia con el valor de la transparencia. No aprueba el hecho de que se haga el puerto en contra de una amplia opinión pública, pues considera que así “las autoridades pierden el contacto con el pueblo, del que emana el poder”. Entiende que, de dar comienzo las obras, la administración debería al menos anunciarlo, “para que el pueblo tenga el derecho a la última protesta”. Lo contrario  cree que significaría la vuelta a la clandestinidad “para evitar que el pueblo exprese su opinión y ejerza libremente su derecho a la protesta”.

Sobre el aumento del consumo de drogas

Por último, el psicólogo trató el tema del aumento de consumo de drogas, especialmente entre la población más joven. En su valiosa opinión, se está produciendo un desmoronamiento del sistema de valores, que ni siquiera está siendo sustituido por otro. “Ante la realidad que vivimos a nivel mundial, uno tiene la tentación de cerrar los ojos y no mirar”, explica Llinares. Así, drogarse o emborracharse significan escapar de la angustia que la realidad produce. “Hay jóvenes, gente noble y madura, que acceden a la droga no por inmadurez, sino para escapar de la angustia”, afirma el psicólogo. En base a su criterio, este “pesimismo radical” deriva en que ciertos jóvenes opten por adentrarse en el mundo de las drogas, “como medicina paliativa para perder la conciencia de la realidad”, afirma Jaime Llinares.

A pesar de todo, el psicólogo señala que cada vez hay más gente que toma conciencia de la realidad. “Algunos se escapan”, comenta, “pero otros, cuando descubren la realidad, se acercan más a la revolución, al cambio de paradigma, a la reconversión tanto personal como social”, dice Llinares. Tal y como él lo analiza, la revolución es el cambio necesario, la necesidad del ser humano de renovarse. “Ojalá que todo el que llegue a tener conciencia de sí mismo, en lugar de huir corra hacia la banda de la acción, de la revolución”.

 

 

 
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