
Santiago Alba Rico
Audio de la entrevista
El filósofo, guionista, escritor y periodista de reconocido prestigio Santiago Alba Rico (Madrid, 1960), reflexiona en los micrófonos de Radio San Borondón acerca de la democracia
SB-Noticias.- Afirma Santiago Alba Rico que la reflexión acerca del sistema democrático es un debate fundamental y particularmente decisivo, especialmente en estos momentos de crisis. Señala que, durante décadas, “se nos ha convencido que economía capitalista, economía de mercado y democracia eran hasta tal punto sinónimos, hasta tal punto estaban íntima y orgánicamente asociadas que no cabía pensar en otra posibilidad de democracia que no pasara por el respeto a los mecanismos de mercado”.
Observa Alba Rico que esto se logró gracias a que existía una Unión Soviética frente a la cual, básicamente Europa tuvo que hacer muchas concesiones a sus poblaciones en término de eso que se llamó estado de bienestar, además de en términos de Estado de Derecho, de división de poderes, de derechos laborales y de todo aquello que, en fin, se asocia con democracia y estado de derecho.
Así como la Unión Soviética, apunta Alba Rico, y eso tuvo que ver también con su derrota, se vio obligada a asumir y a reproducir los ritmos de producción del capitalismo , del otro lado, en Europa, el capitalismo tuvo de alguna manera que cumplir algunos de los sueños o propósitos socialistas para poder mantener su ventaja y su superioridad militar frente al socialismo llamado “realmente existente”.
Para Santiago Alba Rico, a partir de los años 90, y hoy mucho más claramente, y atendiendo sobre todo a las experiencias en América Latina sobre el terreno que así lo demuestran, “esa ecuación entre democracia y economía de mercado se ha venido claramente abajo”. A su juicio, decir que no ha habido democracia sin mercado, en cualquier caso es olvidar que sí que ha habido mercado sin democracia y que, al contrario de lo que se piensa, el mercado sin democracia ha sido un poco la normalidad del capitalismo. “Si pensamos en Europa en esos pocos 30 años que duró la combinación de democracia más mercado, olvidamos que al mismo tiempo en el resto del mundo había mercado pero no había democracia”, sentencia.
En esta línea, observa: “Si pensamos en América Latina, si pensamos en el caso de Pinochet, que es un caso que Naomi Klein utiliza desde el arranque de su libro sobre el capitalismo del desastre para demostrar en efecto que Pinochet es la lógica del mercado llevada a su extremo, yo creo que en estos momentos sólo la peor propaganda puede seguir insistiendo en que democracia y mercado son sinónimos”.
Según el mismo, “un análisis sumario, nos permite llegar a la conclusión de que, si es verdad que todavía no sabemos cómo cristalizar una verdadera democracia, lo que es incompatible es la democracia con el capitalismo, la democracia con unos mecanismos de interiorización de la explotación que se basan en una relación permanente entre desiguales”. En este sentido, asevera que “el contrato no es más que una relación entre desiguales, y desde luego eso que llamamos consumo, que además tiene un coste ecológico cada vez más incompatible, no ya con la democracia sino con la propia supervivencia del Planeta, excluyen por completo del horizonte de la vida de los seres humanos en estos momentos la posibilidad de conciliar el mercado y la democracia”.
Para Alba Rico, la democracia son dos cosas. Por un lado, una serie de mecanismos institucionales, ya constituidos, que impiden, por ejemplo, que se pueda votar en una asamblea o a través de plebiscitos la esclavización de los seres humanos. En este sentido, siempre ha dicho que un ejemplo de lo que es una verdadera Constitución es la cubana, con todos sus defectos y limitaciones, porque al menos declara irrevocable el socialismo, es decir, declara irrevocables los derechos humanos básicos.
“Eso es democracia, declarar irrevocables los derechos humanos básicos, y también garantizar que esa Constitución de esos derechos humanos básicos cuentan con mecanismos y procedimientos para introducir reformas a la medida de la voluntad soberana de los ciudadanos”, afirma.
Concluye que esas dos notas, lo ya constituido relacionado con los derechos humanos básicos, y por otro lado los mecanismos que aseguran la posibilidad de reconstituir o reformar lo ya constituido, son las únicas medidas a su juicio posibles para interpretar lo que es la democracia. “Esas dos cosas están excluidas en un estado como el español”, sentencia.
Cree que, por un lado, la Constitución española garantiza que vivimos en una sociedad de mercado y capitalista, en la que hay además un Jefe del Estado que no ha elegido nadie y que además es impune frente a la ley, y al mismo tiempo, es casi irreformable, y quien decide en qué medida esa Constitución se puede reformar no son los ciudadanos, sino más bien todas esas instancias ajenas al Parlamento, ajenas a los órganos de decisión soberana del Estado español, que son las grandes empresas, los bancos, las inmobiliarias... “Que son como vemos ahora, en una crisis grave, las que de alguna manera determinan la política del Estado español”, dice.