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Existe el tópico de que María y José eran muy pobres. Y creo que no es así. Según los escasos relatos que existen en torno a la llamada Sagrada Familia, San José era un excelente carpintero, tenía bastante trabajo y con ello mantenía a los suyos. Además María y José poseían un burro, que era como tener hoy un utilitario. Iban en burro a todas partes.
El hecho de que el Niño naciera en el portal de Belén se debió en parte a la falta de previsión de la familia, ya que no hicieron reservas para alojarse. Claro, no había teléfono, ni internet, ni servicio de correos. Así que cuando llegaron a Belén vieron que había un “overbooking” tremendo, por aquello del empadronamiento famoso. No hubo más remedio que alojarse donde fuera, porque hacía un frío tremendo y María ya había cumplido su tiempo de embarazo y el nacimiento era inminente. Se instalaron, pues, en esa famosa cueva, establo y pesebre de unos animales, que les daban calorcito. Supongo que previamente pidieron permiso al propietario, porque no era cuestión de hacer de “okupa”, que estaba muy mal visto en aquellos tiempos tan romanos. Por otro lado, está lo que dicen los Evangelios. La familia recibió suntuosos regalos que aquellos sabios de Oriente. No sabemos lo que hicieron María y José con el incienso y la mirra (a lo mejor lo vendieron en el mercado de Belén), pero el oro seguramente que les serviría para el viajecito que tuvieron que hacer a Egipto, huyendo de las salvajadas de Herodes. También comprarían otro burro para que pudieran ir todos montados y no tener que hacer tan largo camino a pie. Además, al regresar a Nazaret, S. José ampliaría su negocio de la artesanía de la madera y hasta es probable que montase una tienda de muebles. Estos hipotéticos hechos destierran la creencia de que la Sagrada Familia fue tremendamente pobre. También eran descendientes del rey David. ¿Cómo iban a ser tan paupérrimos?. Así que los tópicos sobre el nacimiento de Jesús y años posteriores empiezan a desvelarse. En cuanto al “espíritu navideño”, me temo que si Jesús estuviese de nuevo entre nosotros se liaría al latigazo limpio contra los que se han aprovechado de su nombre para convertir todo en un nido de mercaderes, y contra los que practican una falsa caridad. En su nombre se hacen los negocios más grandes del mundo. La Navidad se ha convertido en una exaltación al consumismo y mientras los comerciantes se ponen las botas y hacen su agosto en invierno, los consumidores se quedan desplumados y con una terrible cuesta de enero enfrente. Todo el mundo se muestra dispuesto a ser más caritativo en estos días, más generosos, más comprensivos y más dispuestos a perdonar. Pero, ¿qué pasa con el resto del año?. ¿es que no existen nuestro alrededor, y en el mundo, gentes, amigos, vecinos, familiares, pueblos, que necesitan nuestra solidaridad, nuestro apoyo, nuestra caridad, nuestro amor, nuestra tolerancia? ¿O es que esas virtudes sólo se practican en Navidad?. |