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Inicio arrow Noticias arrow Sociedad arrow II Parte.- Los trabajadores del tomate son envenenados con la utilización de pesticidas sin control
II Parte.- Los trabajadores del tomate son envenenados con la utilización de pesticidas sin control Imprimir E-Mail
viernes, 20 de marzo de 2009

ImageImageEntrevista a Marta Pérez.

Hace unos días conocíamos el trágico caso de Marta Pérez, ex trabajadora en el sector del tomate que tuvo que abandonar su puesto tras resultar envenenada por los pesticidas que empleaba BONNY, S.A., y que afirma que aún hoy se siguen utilizando, con el beneplácito del Gobierno

SB-Noticias.- Tras ocho largos años de lucha incansable para que le fuera reconocida una invalidez permanente por las graves secuelas que sobre su salud ocasionó el envenenamiento por Thiram, y con las que tendrá que vivir el resto de su vida, Marta Pérez recibía finalmente una sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Canarias favorable a sus intereses, que hace extensivos además al del resto de sus compañeras y compañeros que trabajan en la zafra del tomate. Cuenta que, con la sentencia en la mano, acudió al Presidente del Ejecutivo canario para que tomara cartas en el asunto, responsabilidad que dice eludió.

“Cuando yo tengo esta sentencia favorable, pido audiencia con el Presidente del Gobierno de Canarias, D. Paulino Rivero, él no me puede recibir, lo hace un Asesor, le explico todo el tema y me dice: nosotros lo sabemos, pero no podemos hacer nada porque se perderían muchos puestos de trabajo. Y yo me pregunto, cuántas vidas tienen que caer para que no se pierdan los puestos de trabajo? El puesto de trabajo está, pero es el trabajador el que sale envenenado y el que se muere. Porque si empieza en una zafra 600 trabajadores, al final quedarán 100 porque todos los demás son renovados. Lo que dicen en los invernaderos es “se cansó de trabajar aquí y se fue”. No, estoy envenenada, no tengo fuerza ni para coger un tomate. Muchos se han ido porque no han podido seguir trabajando y no saben qué es lo que tienen”, relata Marta Pérez.

Según la misma, quien a lo largo de estos años ha recabado cuantiosa información sobre estos pesticidas y sus perjuicios sobre el organismo, “el mínimo indicio de que se están empleando estos productos, ya debería abrirse la alarma en el Gobierno de Canarias a ver qué está ocurriendo con nuestros cultivos, con nuestros trabajadores, porque gracias a nosotros, a los que un Presidente del Gobierno de Canarias dijo que éramos ferralla los que íbamos a los invernaderos, estos ferralla están comiendo, no los ferralla, sino cogiendo mucho dinero esta empresa”.

Primero es la salud de las canarios

Se refiere Marta Pérez al ex presidente del Gobierno de Canarias Adán Martín, quien asegura que de esta manera se referió a quienes como ella trabajaban en el tomate. “De acuerdo, somos gentes que no hemos tenido oportunidades en la vida para tener estudios;  que por malos tratos nos hemos tenido que separar y buscar un salario digno y creemos que allí lo hay, pero que encima nos envenenen y cuando no valemos nos echen a la calle sin derecho a nada, no. El Gobierno de Canarias debería tomar medidas porque por muchas ganancias, por mucho dinero que venga de Bruselas para esta empresa, primero es la salud de los canarios”.

En este sentido, señala Pérez que si el índice de cánceres en Canarias es muy alto, deberían investigarse sus causas. “¿Por qué tanto  cáncer de mama? ¿Por qué no se investigan cuántos niños están naciendo con enfermedades raras? Entonces, si se quitan todos estos venenos, el puesto de trabajo puede ser perpetuo y hay más gente que quiera ir a la agricultura. Yo no voy para que me maten”, dice.

“Yo sé de compañeras que han muerto de cáncer y no han podido demostrar a sus familiares que ese cáncer le salió cuando estaba en los invernaderos”

Aludiendo a otros casos similares al suyo, recuerda Marta a una compañera que falleció en la Clínica Parque porque llegó a su casa y se bañó con agua caliente. “El veneno, al abrirse los poros se introduce en la sangre automáticamente. Todo esto hay que sacarlo a la luz. Queremos trabajar y no como dicen que los canarios no queremos la agricultura... Sí, señor, pero en unas condiciones dignas”.

Sin agua y sin descanso ni para orinar

Cuenta esta ex trabajadora que debía llevar al trabajo una botella de agua congelada desde su casa, para a las 12 del día poder tomar agua fresca, “porque ni agua hay”. Pero más grave aún, asegura que “si una señora va dos veces al cuarto de baño, que hay que correr para llegar, ya se te descuenta el salario de ese día. Si tu vas más de dos veces al día al cuarto de baño, sobre todo en los días en que por las circunstancias que conoces tenemos que ir más de dos y tres veces, se te descuenta ese salario”.

Dice además que cuando ella trabajó en la mencionada empresa, la media hora que tenía para  desayunar, tenía que devolverla al finalizar la jornada trabajando media hora más. “Hoy en día han podido negociar que sólo se devuelva un cuarto de hora... ¿En qué Canarias estamos viviendo?”, pregunta.

“Las Asociaciones Agrarias son las que tienen todo el poder”

Al relatar su experiencia, recuerda Marta Pérez las palabras recogidas en un artículo en prensa donde un responsable de Asaga “dice que a todos los Ayuntamientos que tengan gente parada de los tomates que no le den trabajo alguno en otros sitios, si se niegan a ir a trabajar a los tomateros.¿Por qué tienen que ir obligatoriamente a los tomates? Eso lo dice el Presidente de ASAGA y nadie denuncia a este señor por lo que dice. ¿De qué estamos hablando? Yo me indigno en ver tanto y tanto y que encima digan que los canarios somos unos gandules y que no queremos ir al campo”.

“Caemos como moscas”

“Qué mas quisiera yo que poder seguir trabajando allí – señala esta ex trabajadora-  Porque el trabajo en sí no te mata, porque todas somos compañeras, nos tratamos de tú a tú, porque somos iguales, hay muy buen compañerismo, porque he estado tres meses y es dónde mejor me he llevado con la gente, que es llana, sencilla, no tiene malicia y, sin embargo, caemos como moscas”

Explica que por aquel entonces cobraba 90.000 pesetas, y que de ahí tenía que pagar 25.000 pesetas. al transportista que les llevaba, más 10.000 para pagar la Seguridad Social, “que te la tienes que pagar tú. Mira lo que te queda……”. En cuanto al horario, dice que se comenzaba a trabajar “no con horario de reloj, sino con horario solar, cuando salía el Sol, todos en fila en el surco. El Jefe decía, todos a trabajar, y a trabajar. Si empezábamos a las 07:30 no salíamos a las 2 y media, sino a las 3 porque teníamos que devolver la  media hora. Tres y media, cuatro y media cuando teníamos que hacer horas extras, y sin agua que nos ofreciera la empresa”.

El agua, el bocadillo,  la ropa de trabajao, también corría por cuenta de los trabajadores. “No te daban ni guantes ni una mala gorra para cubrirte del sol, que debajo de los invernaderos, a pleno día, la temperatura puede subir a los 38º. Así que en esas condiciones está trabajando la gente de Canarias y ahora los inmigrantes, que han metido bastantes  y te voy a decir el color, no por desprestigiarlos, sino porque daba pena ver a los chiquitos negros trabajando, llorando, que nadie les hacía caso. De nosotros nadie se acuerda”, comenta.

“Yo le decía a  uno de los chicos: Aquí hay una persona que está luchando por todo esto, pero está luchando sola, por lo menos, aguanten. Dormían en el cemento “pelado”. Políticos que cuando llegan a Madrid se rasgan las vestiduras por estos inmigrantes y dónde los mandan a trabajar, sin derecho a  nada y sin derecho a que los vea un médico porque están envenenados con pesticidas. A mí me indigna todo esto...[...] Un inmigrante cubano, cuando lo mandan a fumigar y pide una mascarilla le dicen ¿qué te pasa? ¿Vienes de pasar hambre y me pides una mascarilla?”, dice.

 
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