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Carlos García, Doctor en Medicina y Cirugía. Delegado de Intersindical Canaria.- En el Nacional Socialismo de Hitler, de triste y odioso recuerdo para toda la humanidad, se utilizó una táctica persecutoria y de propaganda que puso en marcha el ministro del Reich, Joseph Goebbles, figura clave en aquel régimen.
Ese método consistía en ocultar la verdad, tergiversándola e impidiendo que saliera a la luz la información veraz, con un marketing preciso, promoviendo odios, mintiendo y convenciendo de situaciones alejadas de la realidad.
Fue Goebbels quién realizó una serie de actuaciones propagandísticas que se conocieron como los 11 principios y entre los que, en resumen, podemos recordar el de “simplificación”, individualizando al adversario en un enemigo único, o el de la “vulgarización”, haciendo una propaganda popular, adaptando su nivel al menos inteligente de los individuos, ya que, cuando más grande sea la masa a convencer, más pequeño ha de ser el esfuerzo mental a realizar, o el principio de la “orquestación”, con el que la propaganda debe limitarse a un número pequeño de ideas y repetirlas constantemente, de donde viene la frase de “ si una mentira se repite suficientemente, acaba por convertirse en realidad”, junto con el de “silenciación”, acallando las cuestiones sobre la que no se tienen argumentos y disimular las que favorecen al adversario, contraprogramando con los medios de comunicación afines, y hasta con el “de la unanimidad”, convenciendo a mucha gente de que piensa “como todo el mundo”, creando una falsa impresión de unanimidad. Me ha venido a la mente esta serie de pensamientos tras el juicio laboral de mi compañero el Dr. Guillermo de la Barreda, Jefe de Servicio de Traumatología y Ortopedia del Hospital Universitario de Canarias (HUC), celebrado hace unos pocos días. Hay que recordar que se trataba de un juicio reclamando el derecho a prorrogar la edad de jubilación laboral que, voluntariamente, ha solicitado y que la empresa le niega, creo, y es mi opinión y la de muchos, por una razón persecutoria de tinte político y sindical y no otra.
En aquel acto jurídico, la abogada de la empresa, utilizó, a mi entender, esa serie de principios de corte nazi antes enunciados. Que, además, es el uso cotidiano que parecen aplicar nuestros gestores y representantes políticos en temas como en la sanidad pública que dirigen en nuestra comunidad. Y a los hechos me remito.
En dicho juicio, la abogada utilizó datos personales e íntimos del Dr. de la Barreda que en nada se relacionaban con el mismo, sacados del expediente laboral del trabajador referidos a temas confidenciales que no venían a cuento, en un claro intento, al parecer, de desacreditarlo, motivando una sorpresa y reclamación de la parte defensora, y solicitando y logrando del magistrado la manifestación de que no se había pedido por parte de la sala esta exposición pública de algo íntimo sin relación con el juicio.
El derecho a la intimidad del trabajador en el ámbito laboral, en cuanto a valor fundamental de la propia dignidad humana, tiene que quedar preservado de todo tipo de intromisión extraña cualquiera que sea la legitimidad que acompañe a esta. Este derecho a la intimidad tiene como objetivo básico la protección de la persona y de su círculo familiar, impidiendo la divulgación, ilegítima, de datos confidenciales, siendo el Tribunal Constitucional quien ha declarado que esta intimidad es aplicable en el ámbito de las relaciones laborales frente a actuaciones del empresario.
El derecho y el honor, la intimidad y la confidencialidad en la esfera personal de cada uno, es donde residen los valores humanos y es un derecho fundamental para el desarrollo del individuo y de la familia, además de ser un ámbito reservado a la curiosidad de los demás contra intromisiones e indiscreciones ajenas. Y se centra, laboralmente, en la obtención y divulgación de datos relativos a la intimidad personal, familiar o de terceros pertenecientes a la esfera de la familia.
En esta esfera o zona reservada, transcurren las circunstancias de la vida íntima, nacimiento de hijos, embarazos, enfermedades, desengaños amorosos, aspectos profesionales y, en definitiva, cosas que ocurren en la vida de toda persona. Y esto aumenta. además, si se trata de personajes públicos o conocidos por el resto de la sociedad.
Esto ha ocurrido en el juicio de días pasados donde, la abogada del HUC, sacó a relucir unos datos íntimos, confidenciales y personales del Dr. de la Barreda. Y al mismo acto judicial acudió el Director Médico del Centro, en calidad de testigo, para abundar en algo, que repito, me recuerda los métodos que se emplearon en la Alemania nazi hace más de 50 años. Y todo porque un trabajador desea seguir trabajando en un hospital público de Canarias. Pero, al final de todo, hoy ha sido la sentencia judicial siendo favorable al Dr. de la Barreda: Despido Nulo. Y es que estos gestores y directores de lo público son unos verdaderos chapuzas y así nos va alos ciudadanos.
Carlos García, Doctor en Medicina y Cirugía. Delegado de Intersindical Canaria
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