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Por definición, se utiliza el término crisis para definir el momento crítico donde la expansión da lugar a la recesión. Si nos referimos a crisis energética, hacemos alusión a que la oferta será incapaz de satisfacer una creciente demanda. La importancia que tiene los combustibles fósiles, en especial el petróleo y la imposibilidad de incrementar su oferta, nos advierte que no estamos hablando de una crisis coyuntural, sino estructural, de calado profundo, que condicionará nuestro futuro económico y social, con consecuencias impredecibles y no cuantificables.
La oferta energética suministrada por los combustibles fósiles derivados del petróleo, en Canarias supone el 99,4 % de la energía primaria, llegará en pocos años a su límite máximo de producción. A partir de ese momento, la oferta tenderá a reducirse anualmente en un 3 %. La primera consecuencia con la que nos enfrentaremos, como resultado de una oferta energética insuficiente, serán los decrecimientos económicos involuntarios suponiendo crisis económica y social. En un principio dos sectores serán muy afectados. Uno de ellos será la agricultura, demandante de petróleo en sus diversas actividades: la irrigación, los fertilizantes, los pesticidas y la distribución. En Canarias, tenemos el problema añadido que para obtener el recurso del agua: desalación, depuración, extracción desde subsuelo, bombeos, impulsión, … también requieren petróleo. Por tanto, la imposibilidad de satisfacer las demandas energéticas, conducirán a una reducción en las producciones agrícolas y en la producción de agua. El otro sector muy afectado será el transporte. Ello en una sociedad canaria donde se ha optado por la supremacía del transporte por carretera, muy ineficiente energéticamente, donde se requiere importar la mayoría de los alimentos que consumimos, y donde se ha fundamentado gran parte de nuestro crecimiento económico en la llegada de millones de turistas, nos hace encender la alarma roja. Parece imposible que se pueda mantener la demanda actual de transporte, suponiendo reducciones importantes en la movilidad de las personas, grandes disminuciones en las operaciones del comercio internacional, y casi desapareciendo el transporte de mercancías de grandes distancia. En términos generales, se prevén caídas de producción en los bienes y servicios que requieran usos intensivos de energía, inflación, subidas de tipos de interés para amortiguar la inflación, pérdida de poder adquisitivo de los consumidores, encarecimiento de los alimentos, incrementos en las tasas de paro, ……. La diferencia sustancial con las otras crisis conocidas, es que no parece que haya soluciones milagrosas que vayan a remediar el problema. Y para más inri, la inercia y la percepción de una realidad abundante y en expansión, retrasará las medidas a tomar. Los signos más visibles de la sociedad actual: crecimientos económicos ininterrumpidos, índices bursátiles a niveles de record, bajas tasas de paro, oferta de bienes y servicios inagotable, publicidades agresivas, etc, no dan pistas que lo comentando aquí pudiera ocurrir. Desde la Asociación Canaria ante la Crisis Energética, lamentablemente, creemos que el Archipiélago Canario es de los lugares más sensibles y frágiles, donde se manifestará con más virulencia la crisis energética. Tenemos pocos años para amortiguar las consecuencias, no podemos malgastar ni tiempo ni energía, de todos depende, pero en esta ocasión el papel de los políticos requiere de altas dosis de responsabilidad, donde necesiten renunciar a réditos electorales en beneficio del interés general de la población. (*) Asociación Calce. |