"Tempestad sobre La Gomera” es una serie de artículos cuyo autor es Marco Catón, seudónimo de Alonso Trujillo, prestigioso abogado, militante socialista histórico, que fuera diputado en el Parlamento de Canarias por La Gomera durante la primera legislatura y Consejero del Cabildo de la isla.
Preocupado por los desmedidos casos de corrupción vinculados a la política en Canarias, y en particular en su isla, La Gomera, ha decidido colaborar en la interesante tarea de esclarecer y aportar su dilatada experiencia y conocimiento del discurrir político en su tierra, a través de una serie de artículos La información vertida en estos artículos deja bien a las claras que hemos padecido en Canarias una clase gobernante que, en gran medida, ha convivido con una manera de entender la política muy distante de estar al servicio del bienestar común de todos los ciudadanos.
Diariamente iremos publicando un nuevo artículo que, con toda seguridad, nos ayudarán a conocer más de cerca la trastienda de la política de la isla y nos dará muchas claves para entender la actualidad política canaria.
Los lectores podrán apreciar que el título de esta Diatriba está en las antípodas de la obra del inolvidable Graham Greene, “El Poder y la Gloria”. En una entrevista prefabricada y consensuada, publicada en el periódico “El Día” en su edición del lunes, 20 de mayo, Curbelo responde a una serie de acertijos, divagaciones y desvaríos exculpatorios. No hay por donde cojerlos; pero requieren algún comentario.
Un saludo a la Isla: “totus tuus, ego sum” (yo soy todo tuyo). Un consejo a Curbelo: ¡dimite ya!, no dinamites la Institución, antes de que llegue el crepúsculo. “usque tandem abutere patientia nostra, Curbelo” (hasta cuando vas a abusar de nuestra paciencia, Curbelo). ¿Aún no estás convencido de que la notoriedad, junto al delito, no es la mejor formula para llegar a viejo en el oficio de político?.
En el capitulo anterior, por falta de tiempo y espacio, no recogí las consideraciones que en el presente formulo sobre la Justicia: como servicio público y como uno de los poderes del Estado de Derecho. Nuestro telegénico Presidente, del Gobierno de la Nación, reconoce en un programa televisivo que la Justicia es el problema más grave que tenemos en España. Más que la economía, la calidad de la enseñanza o la corrupción política. Sorprendente hallazgo y relevante diagnóstico, propio de perogrullo. En una nación con democracia avanzada, este juicio de valor de un Presidente es causa suficiente para pedir la dimisión del Gobierno en pleno.
En el anterior artículo, el XII, cuestionaba la invocación que hace Curbelo a la matricula de honor que le concedieron cuando era estudiante. He buscado la voz “honor” en el diccionario y no tiene ninguna identidad o analogía con la que él menciona. En boca de Curbelo, el concepto del “honor” se desnaturaliza y se transforma, convirtiéndose en una grave afrenta.
El domingo dieciocho de mayo, en el periódico “El Día”, Curbelo, presidente del Cabildo Insular de La Gomera durante más de cuatro lustros, se despacha con el cinismo que le caracteriza, erigiéndose en defensor de la Isla. ¿Desde cuando y desde donde? Cuando se lleva tanto tiempo perdiendo el norte, peculando y estafando, lo que si puede decirse con certeza es que solo se ha ocupado en hacer acopio ilícitamente de dinero contante y sonante y de especies para su bolsa. Dilapidando su reputación de forma estéril, indigna e ignominiosa. Y de paso, empjuar al Cabildo hacia la infamia.
A salvo muy contadas excepciones, la oposición política en las corporaciones locales de la isla de La Gomera, ni ruge, ni muge. Le preocupa solo llegar a fin de mes para rumiar su ración parasitaria. Hay que abandonar el vicioso “modus operandi” de la política gomera: la oposición acrítica se siente confortable y satisfecha cuando los que gobiernan les arrojan cuatro prebendas y ocho sinecuras. No se puede permanecer en el silencio cómplice, mientras unos políticos bribones atentan continuamente contra los intereses superiores de la Isla, en beneficio de otros específicos de los rufianes.
La Política es una actividad dura, competitiva, agotadora y agridulce. Para dedicarse a ella hay que tener el temple de una espada toledana. Nicola Maquiavelo eleva la Política a la categoría de arte: “la Política es el arte del buen gobierno”. Karl Marx la sitúa en la superestructura del Estado y Max Wheber, en su “Partición de las Ciencias Sociales”, coloca la Política en la primacía: es la ciencia de “Lo Superlativo Social”. Bien entendida, es el servicio a los intereses generales de la Nación, el servicio a los conciudadanos. La actividad más noble y más digna a la que un ciudadano puede aspirar. Su carácter agridulce, consiste: la dulzura, en la satisfacción del deber cumplido. La parte ácida: que hay veces que se deben adoptar iniciativas que son poco comprendidas por un sector minoritario de la sociedad; pero que tienen que ser categóricas, por el bien común. Para aquellos que sean emotivos, la Política no es su campo.
Who is Who?. ¿Quién es Marco Porcio Catón y quien Marco Catón?. Marco Porcio Catón es un personaje clásico, fascinante; un senador culto, polifacético y multidimencional. El cónsul Lucio Valerius Flaco, atraído por su juvenil personalidad, lo trae desde su villa natal, Tusculum, a Roma.
La finca, la playa y la bahía de Aválos, son una joya que la naturaleza le regaló a La Gomera. Un palmeral exótico, con un acentuado parecido a un refrescante oasis. Una indefensa presa, codiciada por la voracidad de las promotoras inmobiliarias. Situada en el Este, a diez minutos de la capital.
El trato de favor es un mal uso, perverso y degenerado, contrario a la ley, que atenta abiertamente contra el principio constitucional de la igualdad de todos los españoles. Se aplica tanto a las personas naturales como a las jurídicas. Con otras palabras, el trato de favor es el sicario del principio de la igualdad de oportunidades, quimera que, en una isla donde gobierna la mafia, su anhelo se convierte en puro delirio. Si en algún lugar adquiere plena vigencia el aforismo “poderoso caballero el señor don dinero”; ese lugar es La Gomera. Una isla empobrecida por el pillaje de sus “políticos”, donde la mafia, peculando, ha hecho su agosto. Deprimente, repugnante y asfixiante panorama para los ciudadanos decentes.
En La Gomera desembarcó un día una camada cosmopolita, con predominio de austriacos. Compraron una finca preciosa en el término municipal de San Sebastián, de mar a cumbre, ciento veinte hectáreas y acceso solo por mar. Constituyeron una comuna y le pusieron el nombre de la finca: “El Cabrito”. “Soto voce”, Curbelo y el alcalde extendieron el rumor de que los austriacos en su país eran gente principal. Que se presentaba una oportunidad para prestigiar a la Isla en el extranjero, y que traían una carta de presentación, avalando a los comuneros, de Bruno Kresky, canciller de Austria. ¿Qué estaría maquinando Casimiro Curbelo?.
Trágicamente de nuevo viene a ocupar la actualidad los incendios forestales en la isla de La Gomera. La situación me devuelve a un conato de incendio, en apariencia provocado, que se declaró en la madrugada del 11 de septiembre del año 1984, en el término municipal de San Sebastián de La Gomera.