El camino del precio del petróleo a los 50$ ha truncado de forma vertiginosa la tendencia de incremento constante que amenazaba los 200$ hace tan sólo unos meses. La rapidez – volatilidad – es el sino de nuestro tiempo: en un día, el crudo puede oscilar hasta en una decena de dólares, algo insólito hace tan sólo un lustro, y durante la práctica totalidad de la historia del petróleo. Curiosamente, como cuenta Daniel Yerguin en The Prize, en los orígenes de la historia de explotación de este compuesto de hidrocarburos, la incertidumbre sobre la existencia o no de reservas produjo importantes oscilaciones del precio. No hay que olvidar que el crudo se mantuvo durante décadas – salvo en momentos puntuales que seguían, fundamentalmente, a incidentes geopolíticos – en una orquilla de cotización muy estrecha y “tranquila”. Ahora pareciera que alguien se hubiera vuelto loco y estuviera manipulando de forma siniestra los índices del mercado; o que hubiera una confabulación de grandes amasadores de dinero – los siempre recurrentes especuladores – para provocar dolores de cabeza a los planificadores de la economía familiar y mundial.
El diario The Wall Street Journal, el Fondo Monetario Internacional y la Agencia Internacional de la Energía lo han advertido: comienza más pronto que tarde el declive del petróleo en el Área del Subsáhara.
Inyectar liquidez es crear más deuda para el futuro (nadie da duros a cuatro pesetas…); deuda que tendrá que pagar la generación que ya se encuentra hoy entre las más hipotecadas – en todos los sentidos - de la Historia. Una generación, la posterior al llamado baby boom, que presenció en la infancia como sus progenitores, los hijos de la posguerra mundial, desplegaban el Mundo con enorme crecimiento que resurgió de las cenizas de la tragedia bélica. Fue la llamada “era del desarrollo”, aspiración que proclamara Harry Truman en 1949, en la que todos, independientemente de nuestra latitud, debíamos incorporarnos al crecimiento económico permanente, para alcanzar cotas siempre insuficientes de disfrute de bienes y servicios. Aún hoy la mayoría del Planeta no ha adquirido ese estatus de desarrollado, cuando ya estamos presenciando el finiquitado y cierre por liquidación de ese regurgitado de las fuerzas tremendas del mercado.
España se ha sumado en estos días a la nómina de decenas de países del Mundo (ver una relación exhaustiva en esta página de internet: www.energyshortage.org), que en los últimos años han registrado conflictos sociales y laborales atribuibles directamente a la escalada del precio del crudo. Los factores motivantes de la situación son múltiples, pero entre ellos destacan dos esenciales: el impresionante crecimiento de la demanda mundial de derivados del petróleo, y las distorsiones que ese ritmo de crecimiento ha tenido en toda la compleja cadena del abastecimiento – transporte, refino, materiales, etc. -; y, como causa fundamental, el cuasi estancado volumen de crudo que el Mundo ha extraído en el periodo 2005-2007, que no satisface la demanda rampante. Hay que tener en cuenta que en ese periodo la producción y consumo ha oscilado entre los 84 y los 86 millones de barriles de petróleo al día (dos millones aproximadamente de subida, y una meseta a los efectos de producción), mientras que en el idéntico periodo de tiempo, años atras - 2002-2004 – la extracción se incrementó en 8 millones de barriles, de los 76 a los 84 millones. A partir de ahí, todo es pugna y especulación, pero estas dos últimas variables no se sostienen indefinidamente si los llamados “fundamentos” de escasez no fueran tan serios: hemos entrado en la era del racionamiento del petróleo por el precio, como acuñara Henry Groppe, en la destrucción de la demanda por la cotización del crudo, según T. Boone Pickens, al no haber tanto para tantos, y no registrarse desde hace varias décadas grandes descubrimientos que compensen los actuales declives de importantes países productores de crudo.
Colin Campbell, el geólogo presidente de honor de la Asociación para el estudio del cenit del petróleo y del gas (ASPO), que trabajara para petroleras como Texaco, Shell, Móbil y otras, afirma que el continente africano, en su conjunto, contendría en su totalidad, usando el modelo de estimación de reservas del geólogo Marion K. Hubbert, alrededor de 180 Gibabarriles de petróleo, de los cuales ya se ha extraido casi el 50%: estima pues, el ilustre científico, que el continente se encuentra prácticamente en el cenit de sus posibilidades de extracción, y que su modesta importancia a la producción global alcanzaría en poco tiempo los 8 millones de barriles al día (menos del 10% de la extracción mundial), para declinar y llegar a los poco menos de 4 millones diarios en el año 2030.
Asistimos sin tapujos a un desenfrenado agotamiento de las materias primas convencionales para la generación energética. Mientras, seguimos potenciando un sistema desarrollista que no se da tregua. El precio del barril de fuel, cuyo coste en origen en Arabia Saudita no supera los seis dólares, alcanza en estos momentos, fruto de la especulación financiera, los ciento treinta dólares y no se descarta que en los próximos meses llegue a venderse a doscientos. En España, la debilidad ante esta situación es brutal, de tal manera que más del 70% de nuestro consumo energético se nutre de importaciones, sobre todo de petróleo y gas, frente a una media del 50% de la Unión Europea.
James Schlesinger, ex secretario de energía con Jimmy Carter, comentaba en la VI Conferencia internacional de la Asociación para el estudio del cenit del petróleo y del gas, que, ante los problemas, en particular los energéticos – base de cualquier sociedad -, pareciera que sólo podemos adoptar dos actitudes: la complacencia o el pánico. No parece haber término medio en la especie, y Nate Hagens, colaborador de www.theoildrum.com lo argumenta basándose en nuestra historia de seres acostumbrados mucho más a la escasez que a la abundancia, lo que ha moldeado patrones de comportamiento que valoran mucho la satisfacción inmediata frente a la incertidumbre de un futuro que nunca podemos adivinar completamente, e inasible por tanto.