Hubo un tiempo, en que el Valle de la Orotava era “el cuadro más variado, de más atractivo y más hermoso por la distribución de las masas de verduras y de las rocas, incluso después de recorrer las orillas del Orinoco, las cordilleras del Perú y los hermosos Valles de Méjico”. Lo certificó Alexander Von Humbolt en 1799. Dos siglos después parece que ha pasado la marabunta. Sin embargo todo ha sido obra de un solo animal, el peor depredador de la Tierra. Nosotros.
La Semana Europea de la Movilidad que propicia el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria me sirve para defender un modelo de ciudad que no esté condicionado por el coche particular como medio de transporte habitual, considerando además que lo que se promociona en esta semana debería ser lo normal a lo largo del año.
Me dicen, no se si será verdad, que anda por ahí ya una maqueta con el proyecto del muelle de enlace, playa incluida. Justo ahí, en la Dársena de los Llanos, en donde desde toda la vida ha desembocado y depositado sus nauseabundos sedimentos el Barranco más contaminado de Tenerife, el de Santos, algunos están empeñados en hacer una playa pública. Llegan a extremos de hablar de hasta atraer turistas a ella, esos mismos turistas que nos están abandonando por nuestra lamentable política del cemento y por nuestro desenfrenado deterioro al Medio Ambiente y al Medio Natural.
Como ciudadana de un estado democrático, respondería que a todos los habitantes de La Palma por igual pero, como ciudadana del mundo diría que a nadie en particular y a todos los habitantes de la Tierra a la vez. Como persona justa y responsable, respondería que todos tenemos los mismos derechos y deberes hacia este territorio insular, sin distinción de sexo, etnia, ideología, status económico o profesión. Además, añadiría con énfasis que, en realidad, esta isla no pertenece a ningún ser humano, sino que todos nosotros pertenecemos a esta Isla y, al igual que todos los seres vivos que la pueblan, tenemos una efímera existencia sobre ella que nos obliga aún más a ser responsables y a preservarla en las mejores condiciones medioambientales posibles, para asegurar la futura supervivencia de todas las especies que habitan en La Palma, incluida la especie humana.
Muchos movimientos de personas se están produciendo en el entorno de organismos, empresas públicas y autoridades relacionados con el turismo, ¿o habrá que decir “atrocidades”? palabra con la que un ya fallecido sacristán de la Iglesia de San Agustín advertía al cura párroco cuando se acercaba por allí algún representante político.
La pasada semana volvimos a contemplar, atónitos, una nueva andanada de propaganda progasística en los medios de comunicación canarios. Al margen de la inflexión del Gobierno canario, que ha prometido a la Mancomunidad del Sureste una especie de mediación postparto para encontrar una solución a la ubicación de la planta de gas de Gran Canaria, el PP, en el colmo de la contradicción, a través de su diputado Guillermo Mariscal, y Endesa, a través del Presidente de Unelco, José Mª Plans, han vuelto a acudir a la alarma del desabastecimiento y a la pérdida del tren del desarrollo si no llegara el gas de inmediato a Canarias.
Diversos y complejos factores, la mayoría de ellos relacionados con la sobreexplotación de recursos y el agotamiento de los sistemas, se están conjurando en este comienzo del Siglo XXI para poder afirmar, como hacía recientemente el diario británico The Guardian, que “la era de los alimentos baratos se ha acabado”, comenzando pues, añadimos, “la era de los alimentos cada vez más caros”.
A río revuelto, ganancia de pescadores. Como hay crisis turística, que el Gobierno de Canarias invierta, o mejor dicho gaste (que invertir es otra cosa), el 25% de los Presupuestos en esta actividad, es decir, reparta sustanciosas subvenciones entre los empresarios del sector. Y de paso a los que construyen hoteles, porque aunque no sean hoteleros, son casi los mismos. Esa es la impresión que produce las lamentables respuestas que el Presidente de la Cámara de Comercio de las Palmas, Ángel Luis Tadeo, evacúa ante el periodista en una larga entrevista aparecida el pasado lunes en el periódico La Provincia. Su lectura aún puede hacerla por Internet y no tiene desperdicio. Si padece del corazón, compruebe antes si tomó la pastilla.
El pasado viernes 14 de septiembre asistí al pleno celebrado en el Cabildo Insular de La Palma, concretamente al punto donde se resolvían las alegaciones al PTE. A pesar del nivel de irresponsabilidad e incompetencia que muchos de los políticos allí presentes han demostrado , después de lo que allí escuché me quedé aún un poco más preocupado y triste al comprobar en que manos está el futuro de este lugar tan maravilloso que es La Palma. Pasamos a analizar lo dicho en este punto del orden del día.
Cuenta el gran antropólogo Marvin Harris en Vacas, cerdos, guerras y brujas que, en los pueblos de la Melanesia, los indígenas urdían pistas aeroportuarias con torres de control de paja, balizamientos con maderas y demás recreaciones artesanales de la tecnología del transporte aéreo, con el objetivo de esperar que ese avión que alguna vez ya surcó sus cielos, dejara abundantes bienes y presentes, como de hecho ya había ocurrido en los acercamientos a esas tierras de las sucesivas oleadas de occidentales, australianos y japoneses. Los habitantes oceánicos interiorizaron el “culto cargo” en sus creencias: el maná llegaba del aire y del mar, en forma de leche, artilugios de hierro, etc. Todo era cuestión de esperar y construir las pistas, para que cada uno tuviera, por fin, su recompensa en forma de carga benefactora.