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martes, 04 de marzo de 2008 |
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¿Do yacen sumergidas / las aguas cristalinas, Guiniguada? / Mirando entristecidas / Tus riberas su pompa marchitada, / Ahora lloran por ti, que las olvidas. / Venga ya tu corriente / Sobre sus ondas reflejando el cielo; / De verdor esplendente / Vuelve a vestirse el abrasado suelo, / Tome a beber su linfa transparente./ La tierra ya un día / Coronaron a los dioses de hermosura, / Abrigue todavía / El deleite, la paz y la ventura / Que disfrutar el corazón ansía./ ¡Oh ninfas hechiceras / Que sin piedad dejasteis peregrinas / Aquestas dos riberas! / Traedles ya las aguas cristalinas, / Venid jugando en ellas placenteras. / El vendaval furioso / Allá a los mares huirá ocultando / Su estruendo pavoroso, / Y sosiego este campo respirando / Tomillo y heno brotará abundoso. / Los pastores, sentados / De las gentiles palmas a la sombra, / Miren alborozados / Pacer tranquilos en la verde alfombra / Al son de sus zampoñas los ganados. / El plácido murmullo / Torne a sentirse de canoras aves, / Y el lozano capullo / De la rosa y jazmín de aromas suaves / La brisa agite en amoroso arrullo. / Ven ya, apacible río / A este suelo sediento y desolado / Tu inclemente desvío / Abrojos sólo al campo le ha dejado, / Un dolor sin consuelo al plectro mío. / Tu curso yo mirando, / En dulces pensamientos embebido, / Sentiré resbalando / Cual tu sereno el tiempo, y el ruido / Escucharé del agua murmurando. |
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